La primera
capilla de Belgrano estaba situada sobre la barranca, esquina de Pampa y 11 de
Septiembre, en la pequeña planicie que luego ocupó un edificio de la Dirección
de Paseos y los juegos infantiles que allí se encontraban. Cuentan las crónicas,
que en su origen estuvo dedicada a San Benito y que fue edificada por un señor
Torrecillas, dueño de aquellas tierras, para que sus esclavos, ocupados en las
tareas del campo, tuvieran un lugar donde oír misa.
Muchos años más tarde esas propiedades tuvieron nuevo dueño, don José Julián
Arriola, quien "en 1828, donó aquel oratorio a la Curia y también las tierras
adyacentes". Arriola poseía en esos lugares un horno de ladrillos y una calera,
la cual, tiempo después, fue explotada por los Padres Franciscanos.
El recordado decreto del 6 de diciembre de 1855, por el que se había aprobado la
delineación del pueblo, contenía, entre otros, un artículo que disponía: "que
también sería de su obligación proveer inmediatamente a la rehabilitación del
viejo edificio que allí existe, de manera que pudiera servir provisoriamente
para una escuela que debería fundar y para una capilla, mientras se construían
en la plaza los respectivos edificios para esos destinos".
El 8 de diciembre de 1856 fueron inauguradas las obras de restauración de la
capilla, realizándose con ese motivo una gran fiesta, a la que asistieron el
gobernador Valentín Alsina, los Ministros, el arzobispo de Buenos Aires,
Monseñor Aneiros, y una enorme concurrencia. Se ofició una solemne misa cantada,
que estuvo a cargo de Fray Olegario Corria, primer capellán de Belgrano.
Dos años más transcurrieron. En 1858 fue designado, para su atención, el
Presbítero don José Salomón, y el 20 de abril de 1860 se la declaró Parroquia,
nombrándose para desempeñar aquel nuevo curato al Presbítero don Miguel Padín.
Como aquella capilla era "modesta en condiciones para una población de inusitado
desarrollo, precaria por sus condiciones físicas, e incómoda para su
frecuentación a través de las calles de tierra a menudo enlodadas, urgía
reemplazarla", por lo cual la Municipalidad de Belgrano, que por ese entonces
estaba presidida por don Laureano J. Oliver, dispuso, a comienzos de 1864,
organizar una Comisión con el fin de que se encargara de los trabajos destinados
a la construcción de un nuevo templo.
Una vez que finalizaron todos los estudios referentes a su construcción, los
cuales debieron haber comenzado a mediados de 1864, o antes, y presupuestada la
obra en un millón seiscientos mil pesos, se fijó como fecha para colocar la
piedra fundamental, el domingo 23 de enero de 1865. El acto tuvo lugar a las
seis de la tarde, ocasión en que se levantó un acta, la cual fue depositada en
un cofre, conjuntamente con las plumas que utilizaron, los firmantes de la
misma, y varias medallas de plata que entregó el Padrino de la ceremonia, doctor
Valentín Alsina.
La construcción del monumental templo, fue encomendada al ingeniero don Nicolás
Canale. Luego del fallecimiento de éste, ocurrido en 1876, fue continuada por su
hijo José, interviniendo en las últimas etapas el arquitecto don Juan Antonio
Buschiazzo.
Por falta de dinero, la edificación resultó lenta. Y para obtener más fondos
tuvieron que rematar los terrenos de la barranca donde se levantaba la antigua
capilla y el edificio de la misma, con todas sus existencias. Hoy tiene lugar el
interesante remate en el Paseo de la Barranca del edificio y terreno
perteneciente a la Iglesia vieja. Recomendamos este terreno a los ricos
capitalistas amantes de lo bueno y del progreso, mucho más siendo su producto
destinado para la prosecución de nuestro colosal monumento, la Iglesia nueva".
Desde el año 1871 a 1875 estuvo a cargo de la Parroquia, uno de los sacerdotes
que más prestigiaron, por su incansable actividad, la vida religiosa y
espiritual del Belgrano de aquellos años. Este fue el Presbítero don Diego
Miller, quien dedicó todos sus esfuerzos a los trabajos relacionados con la
construcción del nuevo templo, obra que por su magnitud, necesitó también de la
labor continuada de mucha gente. Su nombre, encabezaba la nómina que, hasta no
hace muchos años, se hallaba grabada a un costado del Altar Mayor, sobre el
muro, la cual recordaba a quienes integraban la Comisión, en la época de
inaugurarse el templo. Aquella nómina, para conocimiento de los nuevos y para
actualizar la memoria de quienes la habíamos leído los muchos domingos de
nuestra vida, era la siguiente: "Comisión de las obras de este templo. El señor
Canónigo Presbítero D. Diego Miller, Cura Vicario D. Benjamín Carranza, el señor
Juan Buschiazzo, arquitecto; el señor don Alejandro Caride, el señor Juan B.
Corti, el señor Jorge Civit, año 1878".
Finalmente la Iglesia fue inaugurada el 8 de diciembre de 1878, oportunidad en
que se realizó una gran ceremonia, asistiendo a ella el Presidente de la
República, Dr. Nicolás Avellaneda, y sus ministros; el gobernador de la
provincia de Buenos Aires, Dr. Carlos Tejedor y las más altas dignidades de la
Iglesia. Era Juez de Paz de Belgrano, don José María Sagasta Isla y Cura
Párroco, D. Benjamín Carranza.
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