Sociedad

por

 

Mercedes Giangrande

Artículos mensuales

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Mercedes nos hace reflexionar a través de

sus opiniones.

La familia, los niños, los adolescentes y la sociedad están contenidos, a través de sus textos,  en una actualidad preocupante.

Sus relatos expresados en primera persona hablan de una mujer involucrada con el compromiso cotidiano .

 

Miércoles 08 de Septiembre de 2010

 

Adicciòn: tabaquismo

 

El cigarrillo ¿qué nos aporta?

 

Algunos comenzamos a consumirlo por curiosidad, sin pensar qué estamos haciendo. Lo adoptamos por ignorancia, decimos “si fulanito lo hace, ¿por qué yo no? Estamos alterados debido a una situación particular, nos acercamos a él. Estamos angustiados, encendemos uno. Nos sentimos solos, nos fracasa un proyecto, atravesamos un mal momento; el primer deseo es fumar.

Sin embargo, no sólo en ocasiones difíciles fumamos, sino también cuando recibimos una alegría, ante un festejo o un logro. Creemos que es nuestro amigo.

Erróneamente pensamos que nos calma la ansiedad, el nerviosismo, la angustia, la alegría, un logro, una emoción. Descubrimos que en vez de apaciguar todas esas percepciones, las aumenta.

A pesar de esta apreciación, llega un momento en nuestra vida que el placer se transforma en malestar. Sentimos cansancio, molestias en las piernas, en las manos, ya no rendimos en nuestra vida deportiva, el correr un colectivo nos agita, hasta nos provoca palpitaciones.

Nos prohibimos de disfrutar el perfume de una flor, el aroma de una comida, de correr. No sólo nos dañamos nosotros, sino a los que conviven con nosotros, los convertimos en fumadores pasivos.

Encendemos inciensos, abrimos ventanas, utilizamos perfumes, de todos modos, el ambiente está impregnado. Nos decimos voy a fumar menos, voy a dejar, aún así continuamos engañándonos. Nos sentimos marginados porque en espacios cerrados nos prohíben fumar.

¿Es tan difícil tener la voluntad de dejar esta adicción? No tomamos conciencia del mal que nos producimos y del mal que hacemos a nuestro entorno.

¿Por qué no darnos la oportunidad de dejar el cigarrillo y recibir el mejor de los regalos que únicamente depende de nosotros? Ese regalo es la VIDA!!

 

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Jueves 05 de Agosto de 2010

 

Salud en el barrio


Si todos venimos de un mismo lugar, ¿por qué no poseemos los mismos beneficios, si tenemos las mismas necesidades? Obviamente que existen distintas clases sociales las que debemos aceptar. Admitiendo que cada una de ellas recibirá atención médica donde se le adjudique. El ideal sería que cada uno de esos lugares estuviese capacitado para brindar la atención debida.
Dispensarios, son salitas de barrio donde se lleva a cabo primeros auxilios. ¿Poseen los medios para recibir al paciente y realizarlos? Se acude en el momento de urgencia, de dónde se es derivado al hospital más cercano, ¿pero en qué medio?
Hospitales, ¿cuentan con aparatos para sacar una placa? ¿Tienen a su alcance elementos indispensables como algodón, alcohol o desinfectantes?
Los pacientes se ven obligados a asistir a los hospitales en la madrugada para obtener un número y con suerte ser atendidos, y si lo logran será a media mañana o quizás por la tarde. Cuando se es trasladado al hospital, ¿la ambulancia llega en el tiempo necesario?
Obras sociales, son un lugar de privilegio, dado que detrás existe un trabajo, tema que ya he mencionado. El número de clínicas adheridas a este sistema disminuye día a día, al igual que los profesionales. Por lo tanto nos aglomeramos en ellas y obtener un turno con un médico, al margen de la urgencia que tengamos no es el deseado. Solicitar un médico a domicilio puede tener una demora de dos a tres horas y no siempre estamos en condiciones de concurrir por nuestros propios medios.
Las pre-pagas son para unos pocos, al igual que concurrir a un médico particular, dado que no todos contamos con los recursos necesarios.
La solución es modificar el sistema, ¿cómo lograrlo? Escapa a nuestras posibilidades, es tema de real importancia, el que no se puede dejar al azar.
Hablamos de una enfermedad, del dolor físico, ¿por qué padecerlo en vez de curarlo?

 

Jueves 15 de Julio de 2010

 

Niños

 

Quizás el tema de hoy no sea una novedad para los argentinos, ya que a diario vemos niños en las calles. Sin embargo, hago mención a los adultos que los utilizan para obtener mayor ventaja y que la escena sea más conmovedora. Observándolos descubrí que estos individuos cambian de niño con facilidad, como si fuesen objetos.
Esta semana presencié una situación que me paralizó, un hombre de mediana edad, acompañado por un bebé, ambos sobre la vereda. El pequeño, que no alcanzaba el año, escaso de ropa, estaba depositado sobre un colchón o lo que quedaba de éste, enmugrecido por la tierra de la calle y sin manta alguna. Noche cerrada, donde el frío y el viento eran la vedette.
Acepto que no tengan recursos, que las posibilidades de trabajar no existan. Trabajo…otro tema candente.
Es probable que no encuentren otra salida en su vida y que se sientan marginados. Seguramente durante su niñez no han tenido afecto, educación o vaya a saber cuáles fueron las circunstancias que los llevaron a esta situación.
No obstante tolos los seres humanos poseemos nuestro instinto de protección, más allá de la condición social.
Nada justifica utilizar un niño como parte de un negocio. Niños sin infancia, sin cariño, sin educación.
Sería maravilloso ampliar los programas de educación y de trabajo para todas las personas de la calle. Evitando de este modo que el futuro de esas criaturas sea igual al de sus referentes, que obtengan la posibilidad de desarrollarse en un ámbito cálido, de estudiar y lograr una vida merecedora.
Forman parte de la sociedad y se merecen un lugar dentro de ella.

 

 

 

Domingo 11 de Julio de 2010

Desocupación

¡Trabajo! ¿Es la palabra prohibida, un logro imposible, un anhelo soñado, la gran búsqueda, privilegio para una minoría?
Día a día la demanda aumenta y la oferta disminuye. Realmente es alarmante que en un país tan tico sea una meta inalcanzable pues para cada edad existe un obstáculo.
Se observan filas interminables por las calles de todas las edades y sexo, y no precisamente a la espera de un colectivo o para ingresar a un cine o teatro.
Las exigencias aumentan. Para los chicos que recién se han recibido del secundario el motivo es la falta de experiencia. Si comenzaron el ciclo terciario el requisito es ser profesional. De este modo se forma una cadena sin fin. Para ocupar un puesto en una empresa acuden cien personas, con la expectativa de cubrir un único puesto publicado..
Los jóvenes eligieron una especialidad con gran ilusión, transitándola con sacrificio, juntando las monedas para obtener los apuntes, si la desarrollaron en la UBA, lugar de privilegio, debieron esmerarse para aprobar cada examen, el que no es un tema menor.
Alcanzando los treinta o treinta y cinco años, se complica aún más, cuando se atraviesa la barrera de los cincuenta las perspectivas casi no existen. De no tener estudio las probabilidades son un NO.
Sin recursos se reducen erogaciones de primera necesidad: la posibilidad de alimentarse, adquirir un medicamento o quizás un abrigo para cubrirse del frío.
¡TRABAJO! No sólo es la solución a las exigencias de la vida cotidiana, por sobre todos los puntos que podamos mencionar, el trabajo dignifica, hace que el ser humano se sienta útil, independiente, íntegro. De poseer una familia brindarles alimentos, educación escolar, vestimenta, disfrutar de una película y por qué no de unas vacaciones.
No son lujos, es lo que un individuo se merece. Se vive en una sociedad donde no todos tienen igual poder adquisitivo, sin embargo aquellos de escasos recursos se merecen vivir y no subsistir.

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Miércoles 09 de Junio de 2010

 

Pareja

 

Qué entendemos por “pareja” no es muy complejo interpretarlo. Puede ser par, dúo, matrimonio. Nos ocuparemos de “pareja” como dos personas que conviven, no importando su situación ante el registro civil.

La pareja debe ser un vínculo de amor. Entenderse sólo con la mirada. El encontrar el momento para compartir un té, un café. Que cada instante sea agradable. Intercambiar opiniones aceptando como piensa el otro, llegar a un acuerdo sin pretender cambiar a la persona que tenemos al lado.

Aceptarlo con sus virtudes y sus defectos. Entenderlo y admitir que nosotros no somos perfectos y que también cometemos errores. Sosteniendo la confianza, la comprensión y la contención. Alimentarla con pequeños detalles: una cena con velas, un desayuno inesperado o con un dulce debajo de la almohada.

Quizás opinarán que es el modelo de pareja perfecta, que es imposible llevar adelante, sin embargo considero que este arquetipo se puede alcanzar.

En la actualidad, los motivos que afectan el bienestar de la convivencia son varios. El más común es el factor económico. Al principio esta situación se sostiene pero transcurrido el tiempo comenzamos a ser intolerantes, nos cambia el humor dejando de lado aquel dulce debajo de la almohada. Intentamos dialogar y nuestro enojo lo impide. De aquella unión que formamos con sorpresas, atenciones y mimos, se transforma en costumbre, se pierde el amor, todo se torna molesto, el mínimo roce concluye en discusión, lamentablemente nos olvidamos del respeto, no es palabra menor.

¿Qué hacer ante esta situación? Es algo muy personal, la decisión la tomará cada uno. Sea cual fuere ésta, lo importante es pensarla desde un lugar adulto, sin lastimarse, ni lastimar, y como ya mencioné, respetándose a uno mismo y así respetar al otro.

Obtengamos de cada experiencia lo positivo, aunque esté en juego nuestro dolor, de este modo creceremos no sólo emocionalmente, sino en todos los órdenes de nuestra vida. Siempre se está a tiempo para madurar y sentirnos seguros. Son pruebas que se nos presentan en el camino y que debemos aprender a atravesar.

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Miércoles 09 de Junio de 2010

 

Familia e hijos

 

Alguna vez imaginamos formar una familia y cuando alcanzamos ese instante, pensamos que tendríamos una pareja perfecta y traeríamos al mundo hijos maravillosos. “Hijos maravillosos”, no lo pongo en duda ya que cada niño viene al mundo con un don especial: el del AMOR.

Para el cual debemos estar preparados. Desde nuestro corazón podemos brindarles lo mejor, sostener ese don que los hace tiernos, sinceros, nobles y cariñosos. Está en nosotros la educación que les proporcionamos, al igual que el respeto.

Si logramos manejar estos códigos o principios con nuestra pareja, estos niños transitarán el camino de la felicidad y podrán transmitirlo a sus sucesores.

Debemos tener en cuenta que los niños imitan todos nuestros actos, ya que para ellos somos sus referentes. De pequeños no distinguen lo que está bien de lo que está mal, todo lo absorben, está comprobado que a medida que crecen van copiando nuestros modelos de vida, al margen de sus experiencias.

Al comienzo mencioné que soñábamos con una pareja ideal, ésta puede darse o no. De suceder el hecho lamentable de que la relación no fuera fructífera, es conveniente y a la vez sano para nuestros hijos mantenerlos al margen y preservarlos de todo altercado. Separar la relación de pareja con el trato hacia ellos. Ser adultos para sortear las diferencias, sin perjudicarlos, sin dañarlos.

Tomar la mejor decisión para cada uno de nosotros y también para las criaturas. No temer “el qué dirán” y por tal motivo continuar una relación enferma, que perjudique a cada integrante de la familia.

Si bien soy la eterna soñadora de una pareja estable, comprometida, armónica y con hijos felices, no me parece justo por temor a que nos juzguen, saber afrontar el hecho con responsabilidad, respeto y que resulte más sana para todos.

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28 de Mayo de 2010

 

Adolescencia: Transición

 

La adolescencia es una etapa inolvidable. Un cambio brusco en la vida de los jóvenes y a la vez esperado. Pasar de ser un niño a un adolescente no es fácil y menos aún a un adulto.

Ellos sienten cambios en su vida y no encuentran el modo de atravesarlos. Tal vez están ansiosos por asistir a lugares desconocidos hasta el momento, que los deslumbran por su música, por sus luces y sobre todo por personas que los atraen. Se sienten independientes y a la vez inseguros. Transitan por sensaciones hormonales nuevas, las que por lo general les provoca timidez compartir con sus padres. Se sienten acosados ya que sus padres les hablan del tema y la gran mayoría no están dispuestos a escuchar. Se tornan rebeldes ignorando ellos mismo el por qué. Se sienten incomprendidos, acostumbran a encerrarse en su cuarto y allí pasar horas.

Los padres desean cuidarlos, sin darse cuenta que en su afán de alivianarles el camino los asfixian, convirtiendo la ayuda en sobreprotección. En vez de permitirles que actúen con cierta libertad, como así también criterio, de este modo crecerán. Los adolescentes prefieren compartir sus experiencias con amigos, ya que emplean un mismo lenguaje.

Desean estudiar y ser los mejores profesionales, trabajar y lograr una exitosa empresa, practicar deportes, viajar, pero a la vez sus ideas están algo confusas. Desean concurrir con sus amigos a todos los encuentros que organizan, están conectados la mayor parte del día a internet, enviándose mensajes de texto constantemente. Consideran que todo lo saben.

Pasan de un estado emocional a otro en cuestión de minutos. Del encierro en su cuarto a la búsqueda de una caricia o mimo de sus padres.

Adolescencia proviene de adolecer, todo aquel que adolece, “padece”, de allí sus transformaciones de ánimo. De todos modos es una experiencia que todos deben atravesar acompañados por los adultos desde la comprensión, el afecto, la tolerancia y logrando el momento adecuado para intercambiar opiniones, dialogando sobre el gran abanico de situaciones que se les presentarán en la vida, para las que deben estar preparados.

Hablamos de que adolecer es padecer, aún así siempre tendrán gratos recuerdo de este cambio de vida, que con el correr del tiempo se los transmitirán a sus hijos. Más allá de los avances generacionales, las experiencias siempre serán similares.

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Jueves 22 de Abril 2010

              

 Vivencias

 

 Siempre me gustó la idea de acercarme a un “Hogar de niños”. Me decidí y lo hice.
Iba temerosa por no saber cómo me recibirían. Llegué toque el timbre y me recibió una mujer, quien se presentó como la directora. Me hizo pasar a un cuarto pequeño, mantuvimos una charla, intercambiamos opiniones y de inmediato se dejó ver su carácter autoritario.
Me solicitó que aguardara allí, al poco tiempo me llamó y pasamos a un amplio espacio, lleno de luz, donde se destacaba una amplia cocina con varias hornallas, una mesa larga acompañada por bancos del mismo estilo. Recordé la cocina de mi abuela, muy cálida y humeante a tostadas.
Los niños y adolescentes fueron ingresando, cada uno con una mirada diferente y un gesto muy especial.
Esa tarde compartimos la merienda, algunos sonreían y otros me observaban con un dejo de desconfianza. Al terminar la merienda fuimos a sus cuartos, de a poco comenzaron a conversar sobre sus gustos y actividades. Transcurrió la hora y me retiré.
Acordamos con la directora que me permitiría continuar visitándolos. Seguí frecuentando el hogar, realizábamos las tareas escolares y algunos juegos de mesa.
Llegué una tarde y uno de los niños más pequeños, no tenía quién lo lleve a la psicopedagoga. Me ofrecí para hacerlo. Era una experiencia que no sabía cómo iba a resultar.
La directora preparó al niño con un aspecto deplorable, un delantal totalmente roto, una mochila de arrastre sin ruedas y la carita del niño con una mezcla de temor y desconfianza. Evidentemente predominaban sus sensaciones personales más que su vestimenta. Le pregunté a la directora por qué lo preparaba así y me respondió que era para que no abone boleto, le dije que podía hacerme cargo del mismo.
Partimos, en principio no fue fácil que el pequeño se me acerque, gritaba, no me tomaba la mano y tampoco quería subir al colectivo. Logré que lleguemos al consultorio de la psicopedagoga casi a horario. Me presenté, tuvimos una charla las dos solas, mientras el niño se entretenía con juegos de mesa.
Me puso al tanto sobre la situación del niño, y me dijo que podía contar con su ayuda para lograr un acercamiento a él.
El pequeño tenía una familia muy dispersa; su mamá transcurría sus días en una cárcel, su padre ausente y su hermano mayor de paradero desconocido.
El niño realizó su ejercitación y regresamos al hogar. Él no paraba de quejarse, luego nos despedimos con un “hasta mañana”.
Para la salida siguiente conseguí ropa y una mochila, pero la directora no lo tuvo en cuenta. En la calle por momentos íbamos de la mano, o por el contrario el niño manifestaba un enojo hacia la vida totalmente justificado.
La psicopedagoga le brindaba un amor incondicional, yo le ofrecía todo mi afecto. Sin embargo, no sucedía lo mismo con la directora del hogar, de quien se percibía que no estaba preparada para desempeñar su cargo.
Era evidente que el niño quería estar con su familia. Su psicopedagoga, luego de obtener el permiso del hogar, comenzó a contactarse con autoridades para lograr ubicarla. El primer resultado fue ubicar la dirección de su mamá.
El reencuentro entre ambos no fue inmediato. Hubo que atravesar trámites interminables, que no escapan a la burocracia de nuestro país.
Pasaron varios meses y con el niño continuábamos yendo a las entrevistas con la psicopedagoga y entre ambas logramos una red de contención, y siempre trabajábamos en cómo preparar al pequeño para el tan anhelado reencuentro.
¡Al fin el día llegó!
El aviso lo recibió la psicopedagoga a través de un sobre muy protocolar, dentro del mismo estaba el escrito que otorgaba el permiso a la mamá del niño para visitarlo dos veces por semana, y con la posibilidad de que en un futuro los encuentros fuesen más frecuentes.
Se le habló al pequeño, se le contó lo realizado hasta el momento y lo que se había logrado, de una forma que pudiera entenderlo. Sus ojos casi no se veían debido a sus lágrimas.
Llegó el día del encuentro, su mamá fue al hogar. Pasaron una maravillosa e inolvidable tarde y con la seguridad que continuarían viéndose siempre.
El niño fue mejorando su desarrollo al sentir que podía contar con su mamá.

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Lunes 05 de Abril 2010

 

Enriquecimiento del alma y contención a los sin techo, sin trabajo ni educación

 

Dedicarles parte de nuestro tiempo a aquellos seres humanos que transitan por la calle sin una meta, sin un futuro. Quizás el pretexto para acercarnos o para iniciar un diálogo fue una taza de té o caldo, acompañado de algo dulce o un trozo de pan y de allí poder obtener una sonrisa. Demostrarles que sólo pretendíamos intercambiar ideas y pasar un tiempo agradable juntos.

Al percibir ellos que nos seguíamos viendo semana a semana depositarían  confianza en nosotros, y todo sería más simple en cuanto al diálogo. Esto nos sucedió a un grupo de padres, que pertenecíamos a una iglesia de barrio, donde una vez por semana salíamos a recorrer plazas, estaciones de trenes y entradas a hospitales. Detrás nuestro había una lista interminable de personas, compuesta por papás, mamás y niños que preparaban los alimentos alcanzados por los vecinos del barrio a la Parroquia, con un amor impresionante para que los encuentros fuesen posibles.

Yo sólo fui una de las tantas caras que se acercaban a esas personas que ya nos esperaban. En lo personal recibí de ellos afecto, aprendí lo que es sentir frío, calor, la sensación de la lluvia, y que se me cayeran las lágrimas al despedirlos hasta la próxima semana.

Sé que me enriquecieron el corazón, por la fuerza que tenían para vivir el día a día, sin saber dónde pasarían la noche o si tendrían un lugar en el “tren blanco” para llegar a sus barrios.

Siempre tuve la esperanza, y aún la conservo, de encontrar una solución, ya que se merecen una vida digna.