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La Mujer de Antes
Si la obra pudiera tener otro nombre, bien podría
llamarse “La marca” o “Las marcas”. Se trata de las
marcas que dejan en la mente y en el cuerpo, las
palabras que se dicen, palabras que no se pierden,
palabras que tienen peso, que tienen valor para quien
las escucha. ¿Y para quien las dijo? Parecen no tener
valor. Cosas que se han dicho en una edad de juventud,
tienen un halo de impunidad. Como si ciertas promesas a
ciertas edades no fueran jamás a cumplirse.
La
obra habla de significantes que trazan destino, de una
historia que se quiere repetir en la generación
siguiente, de alguien que de alguna manera viene a
reivindicar el valor de lo que se dice.
Pero entre lo que se dice y es: existe un desfasaje. Ese
desequilibrio busca su equilibrio en las
interpretaciones actorales, llenas de profundidad y
naturalidad: el recorte de una rutina matrimonial, con
un ingrediente inesperado nos traslada hacia 24 años
atrás, a la vez que seguimos en el presente. Es el
tiempo una cualidad o una calidad que permite ser
siempre y reparar siempre? ¿Lo pasado es “pasado” si
tiene efecto en el presente?
La trama llena de suspenso, por momentos risa, y sobre
todo una mística particular del paso y no paso del
tiempo, donde los espectadores se encuentran atrapados
en un dilema: el valor de lo que se dice vs. el valor de
los hechos.
¿Qué importa más: lo que se dice o lo que se hace?
Porque Romy, más allá de lo que reclama, y viendo todos
los hechos, pide, necesita! que su amor le diga que
todos esos hechos no significan nada en su vida, ya con
decirlo ella se conforma de alguna manera. Ella quiere
palabras, palabras que sean cumplidas. Palabras
eficaces.
Tras el recorrido típico de una charla matrimonial, lo
que se dice cobra diferentes sentidos: reproches,
reclamos, amor. Lo que puede decirse y lo que no puede
decirse en un matrimonio. Los que habitan en las
palabras y los que dicen palabras vacías. Pero el amor
de 19 años: ¿Es realmente amor, o años que pueden
llenarse en cajas? Cajas que contienen historia, y cajas
que tienen marcas.
Los actores, compenetrados en sus papeles, nos
transmiten a lo largo de toda la obra, algo de lo
imposible, un resto de ese real que se escapa en el
lenguaje, aquello que resiste a significarse.
En penumbras, los espectadores no pueden dejar de seguir
la escena final, que sin duda alguna atrapa por lo
siniestro, porque la falta de significante hace de
efecto inesperado que dará un sinsentido a la obra.
La mujer de antes
En El Excéntrico de la 18°
(Lerma 420)Localidades: $40 (estudiantes y jubilados $30)
Reservas: 4772-6092
Viernes 23hs
Una mujer desencantada vuelve buscando una imagen que ya no existe. Un
amor prometido que no está. Un rechazo. Otra promesa de amor, repetida
en otra boca. Una muerte y la imposibilidad de reparar el paso del
tiempo.
Sin embargo en sus líneas hay encerrado mucho humor, a veces ácido, a
veces ingenuo, que ha sido potenciado por el tono de las actuaciones,
buscando una equilibrada alquimia entre tensión, suspenso y risa.
Elenco: Sol Titiunik, Juan Carlos Cáseres, Marisa Aguilera, Fernanda
Penas y Nicolás Goldschmidt
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