Música enlatada desde Nipper, un perrito sentimental

 por Ana Leguìsamo Rameau.

 

Para aquellos que trabajamos en medios, hablar sobre “enlatados”, es tan normal como la comunicación misma de todos los días. En la jerga periodística se llama enlatados a la música que viene en CD. El término refiere a las melodías o temas musicales, que pueden escucharse en un tiempo que va más allá de lo real. Una orquesta o una banda, si tocan en vivo, lo hacen en tiempo real. Si bien la explicación puede leerse como situación primaria, lo cierto es que hoy la música envasada, aparece en diferentes formatos. La escuchamos en CD audio, Mp3, cassettes, minidsc, vinilos, y otras extensiones más. Se entiende también por envasado a todo aquel material que, al editarse, mezclarse y grabarse, suena artificial. Tal es el caso de una batería electrónica que, por supuesto, queda programada dentro de algún sintetizador. Si el grupo toca en vivo, los demás instrumentos sonarán al unísono, menos la batería enlatada, que será tan matemática y perfecta como un moscardón.
Es cierto que, desde antes, ya existía la música enlatada y con ello me refiero a los famosos discos de pasta RCA VICTOR, quienes, al girar hacían danzar al perrito de su diseño. A modo de anécdota les cuento que ese can, tan conocido por todos, fue un icono de la discografía en el mundo entero y nació de la idea del pintor inglés Francis Barraud, quien recibió como herencia de su hermano un gramófono con cinco cilindros de cera y una mascota, que era un perrito, a quien llamaban Nipper. En alguno de los cilindros estaba grabada la voz del fallecido, el cual, al poner en movimiento el aparato, empezaba a reproducir su voz, ocasionando que el perrito se alegrara. Además, de tratar meter su hocico entre la bocina para hallar a su amo. Una vez apagado el gramófono Nipper pasaba largas horas frente al aparato como en estado de guardia esperando el regreso de su desaparecido amo. Era el año 1895. Luego, Francis Barraud, tomó un lienzo y pintó esta escena de fidelidad, amor y esperanza protagonizada por el canino de raza Jack Russell Terrier, quien siempre escuchaba atento y con manifiesta alegría, la voz de su amo, que provenía del gramófono. Esta obra la llamó: His master’s voice (La voz de su amo). La pintura estuvo durante varios años colgada en la alacena de Barraud, hasta que en 1899 fue adquirida por William Barry Owen, quien tenía una empresa de gramófonos. Posteriormente, con la visión que lo acreditaba como un gran publicista, Elridge Johnson, dueño de una empresa de la competencia, se quedó con los derechos de la obra y la propuso para que fuera la imagen de su naciente empresa de gramófonos y cilindros, a nivel mundial. En consecuencia, nacía la VICTOR TALKIN MACHINES y la VICTOR RECORDS, más conocida como la RCA VICTOR. Los dos grandes slogans, a parte del famoso label rojo de todos sus discos, fueron: “La Voz de su Amo” y “Ama la Música para que la Música te Ame”.
Creo que NIPPER abrió el fuego de la paradoja para insertarnos desde lo sentimental a nuestro mundo enlatado artificial. Por èsto, digo (sin ser abrupta en la continuación de mi relato) que, mucho se juzga a los DJ (Disjokeys) pues ellos, al mezclar sus envasados en boliches o fiestas, argumentan que, en verdad son músicos que tocan melodías. Mezclan sus CD, suben los temas, juegan a diferentes ritmos y se atribuyen la interpretación de las canciones. Hace años atrás Dj Dero y Pappo debatían acerca de la diferencia entre el verbo tocar o sonar discos. El tema es muy viejo y escabroso entre intérpretes, DJ, y compositores. Lo cierto es que una guitarra, un violín, un piano, un saxo, y otros instrumentos llevan en sí notas con tonos, semitonos, bemoles y sostenidos, que van mucho más allá de poner un disco y emitirlo. El disco viene mezclado porque ya lo tocaron músicos anteriores, que sonaron en tiempo real, que armonizaron en forma colectiva y que hoy les regalan el atributo enlatado a los que dicen tocar en bares o pubs. El enlatado da la posibilidad de reducir la mano de obra musical (¿por que no?) pero todo gana magia, cuando se toca en vivo. A diferencia de los músicos de conservatorio, la gran mayoría interpreta de oído y se maneja en su mundo enlatado de la frase actual “más de lo mismo”. Apologías a los mismos temas de siempre, letras sin sentido, expresiones complejas, que se pierden en conceptos vacíos, y otras cuestiones más sin mucho cambio toman el protagonismo de la pobreza actual artística. A veces los mismos letristas ni siquiera entienden lo que han escrito y lo que es peor, cualquier pobre diablo canta una canción y se consagra bajo la luz del estrellato.
Lata de música, lata de sonidos, lata de palabras repetidas (como lo llaman los chicos), lata de labia, (como dirían los tangueros en su lunfardismo), lata al fìn, pero la música tocada en vivo no pierde su magia a pesar de la lata, porque tanta lata consecuente hace obsecuente al oído y el músico en su emoción de expresar las melodías de su música cae en el placer de interpretar y sentir verdaderamente el arte como debe ser, lejos del laterìo ensordecedor.
¿No será que la lata actual nos aturde los sentidos y nos quita la posibilidad de creación?

Fuente anécdota NIPPER RCA VICTOR Oscar Jaime Cardozo Estrada para el periódico Q'Hubo.