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Las historias de
murciélagos y vampiros resultan siempre atractivas para todos aquellos amantes
del terror. Las alas de ese insecto tenebroso han cobrado aun más vida tras la
leyenda del genial Bram Stoker, padre indiscutido del Conde Drácula. Largas
páginas en prosa nos describen diferentes puntos de vista sobre este animal.
Inclusive la Iglesia misma reafirma su teoría acerca del insecto. Para el
catolicismo los murciélagos son seres excomulgados o aquellos expulsados del
cristianismo. También son los malditos desertores o, en general, los que
quiebran la gran variedad de tabúes del cristianismo. En la vieja Edad Media se
consideraba a los vampiros como seres fallecidos, muertos en vida, o malditos
espíritus que volvían para succionar la sangre del más débil y así poder
sobrevivir. En la Europa del siglo XVIII, este temeroso sanguinario, fue
bautizado de diferentes modos: Nosferatu, Oupieres, Brucolaques, Vroucolacas,
Strigoiul y Vlokoslak. Sin embargo, hubo un término que fue el más adoptado por
el público. Se trata de “vampir”, y el vocablo significa espectro.
El Nosferatu que todos conocemos no es más que un ser muerto que resucita a
costa de los seres vivos de radiante sangre. Pronto, los donantes involuntarios
se convierten en otros vampiros que se retroalimentan entre sí. El espectro se
nutre y allí perpetúa su vida nocturna. Son cadáveres sedientos tales como El
Conde Drácula, Carmilla, Varney y Nosferatu, entre otros. Aquellos mismos que
inmortalizaron Bram Stoker, Sheridan Le Fanu, James Rymer y F. W. Murnau. Su
aspecto físico puede encontrar dos estereotipos. Son sumamente repulsivos, de
uñas largas, extremadamente delgados, y huesos salientes, o (contrariamente a
esta descripción), inmensamente atractivos, altos y de trajes negros con capas
impecables. Muchas mujeres bellas, de piel sumamente frágil y blanca, caen en
las redes del hombre seductor, que las encanta invitándolas a traspasar el
portal de la noche. El cielo azul y los lobos son el escenario apropiado para
deambular sin rumbo entre ataúdes, lápidas o mármoles gélidos. No obstante, los
vampiros forman parte del mito popular universal y encuentra su atracción desde
épocas remotas hasta nuestros días. El vampiro es un ser raro que, quizás,
encuentra su explicación en el imaginario popular o en la metáfora diabólica de
Satanàs. Es un ser que no duerme, que siempre permanece atento para pervertir
las mentes sanas. Destruye la inocencia del que ya no lo logra la paz interior.
La ristra de ajo, otro elemento metafórico, es el arma humana para detener el
mal. Ahuyenta el espectro, lo persigue y actúa como fuente protectora en la
pesadilla nocturna. La paz del poseído encuentra su fin cuando el vampiro es
atravesado por una estaca, en lo posible derivada de madera de fresno. El perro
negro con ojos blancos de ángeles también actúa como fuente de protección. Lo
domina, lo amansa y hace que Nosferatu caiga vencido ante el bien del que luchó
por la vida.
En la naturaleza, el murciélago es un mamífero que puede distinguirse entre
varias especies, tales como Noctilionidae, Mormoopidae, Phyllostomidae,
Vespertilionidae y Molossidae. Se divide en diferentes grupos, y ellos son: Los
insectívoros, que se alimentan de insectos. Los frugívoros, que consumen frutas
y semillas. Los polinívoros y melileicos, que viven del polen y miel de las
flores. Los carnívoros que se nutren de peces y pequeños vertebrados. Y por
último aquellos que sustentan su sed ingiriendo sangre. Quizás, más directamente
de este grupo, es que nace la historia del mito vampìrico. La criatura nace a
partir del mus caecus alatus hematòfago.
Los animales ni la cadena alimenticia de estos seres nada tienen que ver con las
historias inventadas por los hombres. Los animales luchan por su supervivencia
en un mundo inocente que desconoce fábulas, y están muy alejados de las
incoherencias e intereses de los hombres. Los seres humanos luchan por propagar
ficciones de historias del más allá.
Existe una eterna fascinación hacia lo desconocido porque la tentación encuentra
su sed en el secreto oscuro de la noche. Las criaturas aparecen y desaparecen
invitándonos a la fiesta pero debemos aprender a dominarlas pues, de este modo,
ya no seremos seres vencidos por ninguna sombra o espectro. |