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Para los que
amamos y trabajamos en radio no nos es ajeno el nombre de Guillermo Marconi, en
su orìgen llamado Guglielmo Marconi. Fue nada más ni nada menos que el inventor
de ese maravilloso “aparatito” que hoy transmite noticias, entretenimientos y
música ininterrumpidamente desde tiempos remotos. Guglielmo Marconi nació en
Bolonia el 25 de abril de 1874. Era ingeniero eléctrico y se ganó el Premio
Nóbel de Física en 1909 por su desarrollo en la telegrafía sin hilos. La idea en
este relato no es precisamente centralizarnos en su biografía sino en su propia
invención.
Según la historia de los medios, la primera comunicación sucedió un 14 de mayo
de 1897, entre las poblaciones de Laverck Point y la isla Fratholm, en el canal
de Bristol. Luego de ese intento continuaron una seguidilla de avances
tecnológicos que, poco a poco, fueron mejorando la calidad y la cantidad de las
comunicaciones.
Durante la Primera Guerra Mundial esta novedad adquirió importancia por su gran
preponderancia a través de fines bélicos ya que esta correspondencia marcaba un
suceso indiscutible en la propaganda militar. El papel que jugó la radio en la
Segunda Guerra Mundial fue también muy destacable, y allí fue donde recibió
muchísimo aporte militar para su propagación mediática.
Sin embargo, en la Argentina ya se estaba gestando lo que, en el futuro,
movilizaría los oídos ansiosos pues en 1910 se realizaron los primeros ensayos
radiotelefónicos. Èsto ocurrió en la localidad de Bernal, y fue el mismo
Guglielmo Marconi quien, llegado desde Italia, había anclado en puerto
argentino. Marconi llegó a bordo del barco Princesa Mafalda y en Bernal, con un
cometa de seis metros de superficie, remontó sus antenas y se comunicó con
Irlanda y Canadá. También hubo comunicaciones radiotelefónicas entre Italia y
América del Sur, las cuales se llevaron a cabo en 1930 desde el yate Electra.
Convengamos que, si bien Guglielmo Marconi fue el inventor en este rubro,
también existió en 1916 otro sabio en la materia, quien hurgó en caminos
precisos. Su nombre fue David Sarnoff, un técnico ruso-norteamericano.
Mientras tanto, la aparición del fenómeno en la Argentina fue prácticamente
simultánea con Norteamérica. La noche del 26 de agosto de 1920, entre las
veintiuna y veintitrés horas, un grupo de aficionados integrado por Enrique
Susini, Miguel Mujica, Cesar Guerrico y Luis Romero, instaló un modestísimo
equipo para transmitir la ópera “Parsifal” de Richard Wagner. Èsto se realizó
desde el Teatro Coliseo. Indiscutiblemente, se trataba de uno de los momentos
más relevantes de la historia en la era de las comunicaciones de la Argentina.
Con el tiempo fue Radio Argentina quien trasmitió eventos intelectuales desde
diversos sitios culturales, inclusive desde el mismo Teatro Colón, pero sucediò
el 12 de Octubre de 1922, cuando al asumir la presidencia Marcelo T. de Alvear,
se produjo la primera cobertura periodística radial, y allí el suceso cobró
relevancia hasta nuestros días. Luego, surgió Radio Cultura, la primera emisora
que financió sus espacios con pautas publicitarias. Más tarde, en 1924, otras
emisoras colegas, transmitían el partido Argentina – Uruguay desde la cancha
Sportivo Barracas.
El boom (por llamarlo de algún modo) estaba inserto en los hogares argentinos y
éste vino de la mano de emisoras tales como Radio Sud América, Radio Brusa,
Radio Gran Splendid, Quilmes Broadcasting, Radio Nacional, Estación Flores,
Radio Prieto, Radio Callao, Radio Olivos y Radio Municipal, la primera emisora
oficial del país.
La radio es un mágico descubrimiento en el mundo de las comunicaciones. También
existe la televisión, la imprenta, el fax, y hoy Internet ha ocupado el mundo
con su propagación hacia el universo. Los avances son indiscutibles pero la
radio posee un sortilegio que alimenta el alma de la imaginación. La radio es
cultura porque cultiva el intelecto de su hechizo.
Para los que vivimos el encanto de la radio, no nos es indiferente recordar la
compañía de alguna “Spica” marrón emitiendo guiones del viejo radioteatro o, tal
vez, una remota canción traída desde lo lejos con el embrujo único de sus
bellísimos sonidos. Quizás, una de las mejores invenciones de todos los tiempos.
¿El responsable? El Ingeniero italiano Señor Guglielmo Marconi. |