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Los mitos y
leyendas tienen un encanto que no pierde su magia cuando los relatamos. Muchas
veces quedan en los anales del olvido porque el tiempo los desgasta. Se
transmiten historias de abuelos a hijos y los nietos, un poco más escépticos,
cortan la cadena de creencias. Las creencias forman los cimientos de aquellas
historias que constituyen las costumbres de una ciudad. La luz mala, La llorona,
Mandinga, El hombre de la bolsa, Nazareno Cruz o el lobizòn son algunos mitos de
un pueblo acostumbrado a fabular o a recordar cuentos del ayer. Sin embargo, si
analizamos la historia del Lobizòn, podremos hallar que, este mito, tiene sus
orígenes en Europa (lobis-homen) , otros lo adjudican a Brasil. A nuestro modo
de entender “El Lobizòn” es una especie de hombre lobo latinoamericano.
La historia del Lobizòn aparece a través de la llegada del séptimo hijo varón,
aquel que se transforma los Martes y Viernes cuando se vislumbra la luna llena.
Este ser demoníaco, antes de cumplir con su cometido y antes de atacar a sus
víctimas, se arrastra por la tierra, ceniza o arena de algún cementerio
alimentando su sed de venganza. Allí surge su metamorfosis de hombre a animal.
Tiene forma de perro orejudo, mezcla con lobo o bestia de aspecto sucio, que
huele muy mal porque ingiere carroña o cadáveres que él mismo desentierra. Es
deforme, de piel sucia y color marrón, mezcla con negro.
En Brasil, el lobizòn es bautizado con el nombre de Lobishomen. Traducido al
portugués significa hombre lobo o especie de vampiro que chupa la sangre de los
niños. Sale por las noches y persigue a los viajeros de la región para
poseerlos.
En Alemania lo llaman Werewolves . Los inmigrantes trajeron su leyenda y la
fantasía se entremezcló con las de los indios para dar comienzo a una nueva
creencia latina.
En los Balcanes y en los Càrpatos se utilizaba el término vrykolakas para
referirse a los hombres lobos, vampiros o a aquellos espíritus que resucitan de
sus tumbas.
De algún modo la vida del lobizòn puede ser vulnerable si se procede
correctamente al final de la historia. Se lo puede combatir si antes se bautiza
a la víctima en siete iglesias con el nombre de Benito. En cambio, en los
Balcanes, el lobizòn puede morirse al ingerir una clase de planta particular,
una flor especial que nace en la región. También se lo mata con balas de plata
que apunten a su sombra, no a su figura, o hundiéndole un cuchillo en forma de
cruz.
Lo cierto es que, verdad o mentira, creencia o escepticismo, las historias de
lobizones, hombres transformados, espíritus que lloran, o lobos que deambulan
despiertan en nosotros una enorme necesidad de ir a su origen e investigar lo
que antecede. La historia del Dr. Jekill y Mr Hyde es una de ellas. Podría
encarrilarse en un mito metafórico del lobizòn o del hombre que, arto de su
condición moral, intenta (desesperadamente) hallar un camino de libertad, que
desemboca en libertinaje y trampa para sí mismo. El hombre asustado termina
muerto en sus propias redes.
Sí relacionamos estas transformaciones podríamos concluir en la licantropía.
Este término explica conversión legendaria de un hombre en lobo, mientras que la
zoomorfosis es la metamorfosis de ciertos animales en otros. Generalmente el
lobizòn se transforma en una bestia con figura semejante a un animal autóctono
de la zona.
Cierto o no, en estos terribles tiempos de inseguridad, hay que estar prevenido,
sobre todo en noches de luna llena, más si en su familia existe algún séptimo
hijo varón.
Sano consejo, hágame caso: “tenga cuidado con el lobizòn”.
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