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Hace tiempo
atrás, cuando comencé a escribir en Periódico Domine (siete años atràs),
investigué acerca de los mitos y leyendas que circundan la enigmática vida del
Cementerio de la Recoleta, y expreso “vida” porque cada lugar tiene su
existencia propia. Aquel texto extenso que, bien recuerdo, me llevó páginas de
desvelo, el cual me llevó a apelar a documentaciones de diferentes fuentes, que
pude extraer valiéndome de bibliotecas, textos perdidos, páginas de diarios
viejos y e Internet. Hoy en día intento contar la historia del Cementerio de la
Chacarita pero, esta vez, con la ayuda de Hernàn Santiago Vizzari (investigador
Histórico con Credencial de Investigador Nº 1221). Hernán nos cuenta que durante
la epidemia de fiebre amarilla de 1871 fue necesaria la construcción de
cementerios ya que los existentes no eran suficientes entonces el Cementerio del
Norte (actualmente Cementerio de la Recoleta) había prohibido que se inhumen
allí a quienes habían fallecido por la epidemia, destinándose a ello un terreno
de 5 hectáreas conocidas como la Chacarita de los Colegiales visitada por los
estudiantes pupilos del Real Colegio de San Carlos, que hoy corresponde al
parque "Los Andes", y que se conoció popularmente como "Cementerio Viejo" o "La
Chacarita Vieja". De este modo, así comenzó la historia de este lugar, que hoy
conocemos como “Cementerio de la chacarita”.
Como investigador, Hernán Santiago Vizzari nos enseña acerca de la simbología
funeraria y masónica. Las figuras notables, que se yerguen sobre este lugar, son
muchas, aunque nos remitiremos tan sólo a una pocas.
En el mundo de los medios de comunicación y de la semiologìa pura de la
publicidad, estas siluetas no quedan relegadas y juegan un rol muy importante en
el destino de la iconología. Tal es el ejemplo de “La Clepsidra”, un reloj de
agua, que mide el tiempo sobre la base de lo que tarda una cantidad de líquido
en pasar de un recipiente a otro, de iguales dimensiones, pero que está debajo.
Por extensión, se ha llamado también “clepsidra” al reloj de arena con el que se
mide el tiempo por medio de dos ampolletas o recipientes de forma cónica de
vidrio o cristal, unidos por el vértice, de modo que la fina arena contenida en
el de arriba vaya pasando lenta, pero continuamente al de abajo. Es lo mismo que
tarda en pasar la unidad de medida del tiempo. “La clepsidra” posee un valor
simbólico, porque es el instrumento que más visiblemente representa, con la
caída del agua o de la arena, el fluir constante del tiempo o bien el tiempo
vuela y la vida sobre la tierra se parece al caer la arena. “Clepsidra” proviene
del vocablo latino clepsydra, que a su vez deriva del griego klepsydra,
compuesta de hydro (agua) y klepto (yo robo). La idea es que el recipiente
inferior roba el agua (o la arena) del superior. También está “La Clepsidra con
Alas”, un símbolo del tiempo que pasa y representa lo efímero de la existencia.
Además marca las horas del destino, la vida que se va, la caducidad y de la
muerte. “El reloj de Arena “ con sus alas es un emblema o símbolo para
recordarnos que el tiempo y el viaje a través del espacio son meros símbolos en
sí y que nuestras vidas en la tierra son como ese signo de estados aparentes.
Por otra parte Hernán Santiago Vizzari también nos enseña acerca de “La Corona”.
La Biblia habla de “coronas honoríficas”, de alegría o de la victoria. “La
corona de la victoria de los antiguos” adquirió en el cristianismo el
significado de la salvación alcanzada. Así aparece “el lápidas”, a veces
combinada con “el crismón” o con la paloma y el Cordero. De èsto se desprende
que los difuntos en especial habían fallecido solteros, entonces se les colocaba
una corona funeraria en el sepulcro para recordar su inminente unión con Dios.
Estas Coronas están ubicadas en distintas Bóvedas como Ornamentación en el
Cementerio de la Chacarita. Así, dentro de la parte de esta simbología peculiar
aparece “La Corona y la Antorcha”. Generalmente representan la muerte y la
victoria. Corrientemente la antorcha apagada e invertida representa la muerte y
el laurel la victoria. Muchos de los primeros convertidos al cristianismo
estaban entre los llamados paganos. Su antigua educación influía en sus ideas
después de la conversión. Estaban familiarizados con muchos de los emblemas
griegos y los usaban con sus nuevas interpretaciones en su religión. Estos
emblemas pertenecen a los antiguos griegos. No conocemos otros dos emblemas que
sean mas expresivos, en su significado, que estos Los antiguos cristianos usaban
el símbolo para designar la vida y la paz, la muerte y la victoria por
intermedio de Jesús, el Cristo. Desde entonces la corona y la antorcha han sido
usadas separadamente con muchos otros significados. “La corona y con la
antorcha” de la imagen izquierda pertenece al Panteón Español de Socorros Mutuos
del Cementerio de la Chacarita. Son de Gran porte y se ven claramente cerca de
la puerta de acceso al panteón.
Para cerrar, no podía concluir este relato tan preciado con detalles puros en la
voz de Hernàn Santiago Vizzari sin que me contara alguna leyenda urbana de esa
atragantes, que se encierran en el Cementerio de la Chacarita. Hernán recordó
“El caso Arminda Molina”. Arminda Molina de San Martín era una joven de 16 años
que en diciembre de 1907 fue internada en el Hospital Muñiz (antigua Casa de
Aislamiento) enferma de tisis. Su padre se llamaba Ruperto y tenía dos hermanos
apodados Ricardo y Alejo. Con el tiempo la joven falleció el 15 de diciembre de
1907 y su padre fue notificado dos días después. De inmediato el hombre se
presentó en la Dirección del Hospital donde le informaron que Arminda había sido
enviada al Cementerio de Chacarita. Don Ruperto Molina supo que en el cementerio
no se había recibido el cadáver ni el conductor del coche fúnebre municipal
recordaba haberlo transportado. A esta altura el padre, ya preocupado, pensando
que su hija no había muerto y que todo se trataba de una lamentable confusión,
acudió a las autoridades para pedir ayuda. Hizo abrir sepulturas desde dos días
antes de la supuesta defunción de su hija pero no la encontró. Luego, presentó
una denuncia en la secretaría de Sasso, juzgado a cargo del Dr Constanzo. En su
denuncia expresó que su hija “se había hallado en asistencia en el Hospital
Muñiz, antigua Casa de Aislamiento, atacada por una enfermedad infecciosa. Ésta
había muerto pero su cuerpo no se encontraba. El padre insistía en que la habían
robado y negaba su fallecimiento. Posteriormente, el juez Constanzo dispuso que
el día 9 de enero se trasladaran a Chacarita el padre, acompañado por el
secretario Sasso, los médicos de tribunales Acuña y Pacheco para exhumar
sepulturas porque supuestamente Arminda estaba allí y su padre no la había
reconocido. Más tarde, tuvo que posponerse esta medida hasta el día 11. Durante
esa jornada, el padre se presentó acompañado por testigos que conocían a su
hija. No hubo resultados positivos. Abrieron la sepultura 45 tablón 12 del
cuadro destinado para enterratorios gratuitos. Pero no la reconocieron. Dos de
los testigos presentes que la habían registrado dijeron que el cabello “era
igual a la menor o muy parecido”. Además hubo una sorpresa desagradable pues, en
el mismo ataúd donde estaría Arminda, se encontraba también el cuerpo de un
hombre. Esto motivó la indignación del diario La Prensa. “Lo que ha sido puesto
en relieve en el caso de este desagradable asunto, es la forma irrespetuosa como
se trata a los cadáveres en los hospitales…pero cuando se entierran los cuerpos
bien podría destinarse una caja de pino para cada uno”.
El tema siguió y Constanzo llamó a declarar testigos. Nadie pudo decir si los
restos eran o no de Arminda “a causa de la desfiguración operada en sus rasgos
fisonómicos”. Hacia el 24 de enero se resolvió el caso en el juzgado del Dr
Frías, secretaría de Sasso. Se determinó que según las indagaciones se
desprendía que el cuerpo era el de Arminda pero su padre no la había reconocido.
Por lo tanto “no ha habido desaparición de cadáver”.
Son historias urbanas, con fondo reales, que viven en el Cementerio de la
Chacarita. Historias parecidas pero en sitios diferentes, que se distinguen de
otras necrópolis. Lo cierto es que, a travès del relato de Hernàn Santiago
Vizzari hoy pudimos conocer esta otra arista de la zona capitalina: el
cementerio de la Chacarita. Un inmenso lugar que alberga a figuras tales como
Osvaldo Pugliese, Anibal Troilo, Carlos Gardel, Luis Sandrini, Alfonisa Storni,
Irineo Leguisamo y otros tantos màs, que han enriquecido las páginas de la
historia.
El cementerio de la Chacarita se encuentra en Guzmán 680. Puede visitarse los
365 días del año de 7.00 a 18.00 hs.
Agradecimientos a
Hernán Santiago Vizzari
(Investigador Histórico con Credencial de Investigador Nº 1221).
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