Barrios, historias y sitios porteños

Algunos artículos han sido escritos en 2006 (cuando nuestra revista poseía subdominio y no se encontraba registrada en Nic Ar pero  respetamos su orìgen de archivo) y guardan característica de atemporalidad. Otros,  pertenecen al 2007, 2008, 2009 y 2010. Rogamos (en caso de extraer información) respetar la fuente.
 

20 de Noviembre de 2009

Canto al Trabajo

Pocos son los que hacen un canto a su trabajo. Sobre todo si uno ejercerse un oficio que no quiere, pero si la tarea se desarrolla a través de una profesión elegida, la situación es otra (èsto ya lo desarrollé hace meses atrás en este medio). Por eso, y si algunos aman su trabajo como lo hago yo, porque ejercemos nuestra profesión, bien merecido tenemos darnos una vuelta por la zona Sur de Capital Federal. Se trata del Conjunto escultórico “Canto al trabajo”, ubicado en la Plazoleta “Coronel Manuel de Olazábal”, hoy llamada “Eva Perón” frente a la Facultad de Ingeniería de la UBA, en Paseo Colón e Independencia.
¿A quién se le ocurriría entonces realizarle un tributo al trabajo? Pues bien, el trabajo es salud y dignifica al hombre. Siempre y cuando no se vuelva hacia un grado de explotación e injusticia, el trabajo es salubre.
Este monumento llamado “Canto al trabajo” fue encargado por la Municipalidad de Buenos Aires en 1907 al escultor argentino Rogelio Yrutia (1879-1950) Lo diseñó en 1916 y en el año 1927 se lo emplazó en la Plaza Dorrego. Luego, en 1937 fue trasladado a su ubicación actual pero La Municipalidad se la cedió al museo de Bellas Artes.
Esta escultura es una de los bronces más destacados de las creaciones argentinas. Está posicionada sobre una base rectangular con catorce figuras que arrastran una piedra por medio de una gruesa soga. Simboliza el esfuerzo del trabajo mientras que las figuras de adelante representan a la familia. La mujer protege a los hijos. Sin embargo, dentro de todo este panorama tan conmovedor, existe una metáfora ya que allí se visualiza el porvenir. También el padre dignificado por el trabajo y el grupo de atrás, protagoniza este conjunto de personas, que miran hacia un mismo blanco. Todo es trabajo colectivo donde existe una reunión, que es la misma sociedad. Por otra parte ésta efectúa el esfuerzo por la prosperidad apoyando a la familia como base de dicha corporación.
Haciendo historia debemos tener en cuenta que la Argentina de principios de siglo, rica y próspera, constituía una la familia tipo como base de la sociedad, una familia de incipiente clase media. Sin embargo, no hacía muchos años se había reducido la jornada laboral de doce a ocho horas. Este conjunto escultórico a su vez marca un cambio en la forma de esculpir porque rompe con el clasicismo habitual.
En 1998 el monumento fue enrejado para preservarlo de los Graffitis, pintorescos y constantes irrespetuosos de siempre.
Desgraciadamente, el hecho que esté en una plaza rodeada por tránsito rápido hace, que esta escultura, quede en una “isla”, pues en el vértigo de este Buenos Aires fugaz, hace que estemos tan apresurados, que olvidemos apreciar las grandes obras de arte al aire libre. La reja también es un estorbo pues uno debe interactuar con las esculturas y recorrerlas. Las esculturas a diferencia de la pintura, son tridimensionales y por eso hay que observarlas detenidamente. No son sólo un grupo de gente que tironea hacia un lugar o punto de la nada. Hay mensajes claros implícitos y también historia explícita basada en una narrativa muy concreta.
Para aquellos que no lo sepan la historia de su autor, Yrurtia nació en Buenos Aires y perfeccionó estudios en Francia. Es uno de los escultores argentinos más importantes. Además de este monumento realizó el de Dorrego, en Viamonte y Suipacha, ubicado en la puerta de Rentas de la Ciudad. Allí donde la acera es más ancha y la angustia de los trámites, que nos llevan, hace que pasemos por su lado sin darle importancia. Otro ícono desperdiciado por la rapidez de los pasantes o por el estrés del que nunca llega a tiempo.
Sobre Yrurtia también podemos decir que, en 1916 regresó a Argentina desde Europa para realizar el Mausoleo de Bernardino Rivadavia. Ese enorme Monumento ubicado en la Plaza Miserere. (Plaza Once). En el Hall principal del Palacio de Justicia también Yrurtia se hace presente con la otra obra llamada: “Justicia” (aquella que debe ser ciega y sorda por eso se vislumbra a través de la venda en los ojos.)
Cada escultura o monumento guarda un significado. Hace falta ir más allá de la retina. Por eso, es importante no ver sólo lo que nuestros ojos observan sino ir adentro de las imágenes porque en ellas está el verdadero significado de su concepto.
Para este año 2010, brindemos para que el trabajo no nos falte.
 

Agradecimientos: Arq. Oscar Arias

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16 de Marzo de 2006

Belgrano: una República aparte

Muchos dicen que Belgrano es una República aparte. La belleza de sus amplias calles arboladas sobre las veredas de los famosos virreyes( Arredondo, Avilès, Loreto y Del Pino) nos sitúan allí porque también un tango se puso a cantar y se enmudeció con el paisaje colonial de su portada “Barrio de Belgrano, caserón de tejas! Te acordàs, hermana de las tibias noches, sobre las veredas...” . La maravilla de sus barrancas cayendo despiadada sobre Luis María Campos y Juramento da un respiro de naturaleza viva en medio de la ciudad invadida por el smog. Es insólito pensar que esta generosa obra de arte natural estuvo moldeada por la mano del hombre para mejorarla a raíz de las excavaciones que iniciara Juan Manuel de Rosas por apoderarse de la tierra y realizar su mansión en San Benito de Palermo. No obstante Carlos Thays (paisajista francés) remodeló el lugar haciendo de Barrancas de Belgrano una fotografía impecable para disfrutar. Sin embargo, no es moda que Belgrano guarde un encanto particular. Ya, desde hace tiempo atrás, muchos se enamoraron de su hermosura. Es el caso de Nicolás Avellaneda quien el 04 de Junio de 1880 se reunió con sus ministros y declaró por decreto a Belgrano  como residencia de las autoridades de la Nación. También el ex Presidente Manuel Quintana se trasladó a Juramento 1938 a la quinta de Nicolás Mihanovich donde pasó un tiempo considerable. Por supuesto, no podemos olvidar a Alfonsina Storni y a Roberto Arlt, Ernesto Sàbato y José Hernández, íconos de la literatura argentina, quienes también vivieron en esta pequeña República Porteña.

Los inmensos árboles de Belgrano ponen una tregua a la intoxicación capitalina, y calles como Vuelta de Obligado, Tres de Febrero, Zabala, Federico Lacroze  o Ciudad de la Paz le dan un marco de categoría especial antes de llegar al andén donde pasa el Ferrocarril Mitre, justo antes de Libertador. De este modo, recordamos a Marcelo Torcuato de Alvear quien compró una casa el 11 de Septiembre 1240, en pleno corazón del barrio. Tal vez  algunos de aquellos hombres políticos cruzaron la calle para saludar a sus adversarios, como es el caso de Juan Carlos Onganìa quien vivió en O´Higgins y José Hernández. En cambio, el General Roberto M. Levingston habitó una propiedad en la calle 11 de Septiembre y José Hernández.

Belgrano es el resurgir contemporáneo de una clase media alta que se constituye con el éxodo de los ricos que abandonaron San Telmo a causa de la epidemia amarilla. Es el fruto del encuentro entre europeos y clase acomodada. Los comerciantes también tienen un lugar reservado en el barrio. Lo fue Federico Lacroze, un hombre de negocios quien inspiró su mayor fortaleza económica en la activación de los tranvías de la ciudad y fue todo un avanzado de la época.

El barrio se divide en tres regiones que lo caracterizan: Bajo Belgrano, Belgrano Central y Belgrano R. 

Catulo Castillo y Sebastián Piana inspiraron una de sus mejores canciones basadas en este bellísimo barrio. “Barrio de Belgrano...!Caserón de tejas...!donde está el aljibe...? donde están tus patios...?donde están tus rejas...?”  Sólo son preguntas retóricas que buscan la identidad de barrio del ayer.

Belgrano tiene el nombre de uno de los próceres más notables de la Argentina. Es un pulmón que oxigena las calles porteñas del hoy. Un pedazo de Buenos Aires que busca el encanto del barrio colonial que no pierde el arte de su magia y que se hace llamar República Aparte.

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11 de Enero de 2006

Un caballito en Primera Junta

San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación. Son sólo recuerdos y frases que rescatan pequeñas historias de nuestra ciudad porteña. Boedo es un pedazo de tango clavado en el corazón de Buenos Aires. Un barrio que refleja el reconocimiento al jurisconsulto salteño Mariano Boedo nacido el 25 de Julio del año 1782. El mismo que fuera Vicepresidente del Congreso de Tucumán en épocas claves y remotas por la lucha de la independencia. Boedo lleva el nombre del profesional que identifica sus calles, pero existen otros barrios que nos conducen a eternas dudas. ¿Por qué Caballito lleva nombre de un animal en diminutivo? ¿Qué hace que Caballito se identifique de ese modo? ¿Habría sido sitio de caballerizas en alguna época? En realidad, este pintoresco lugar fue bautizado así inspirado en una pulpería del año 1804 cuando, su dueño Nicolás Vila, fundaba el local. La veleta ubicada en dicho negocio poseía forma de caballo pequeño y se encontraba en el alma de la región, precisamente en la Avenida Rivadavia y Emilio Mitre. Luego, se procedió a diseñar una réplica de la veleta en forma de caballito, en la Plaza Primera Junta, precisamente diseñada por el escultor Luis Perlotti. Hoy,  Primera Junta nos espera en Rivadavia al 5400, donde se fusiona el bullicio y la locura de la ciudad. Colectivos innumerables de diferentes líneas, vendedores ambulantes, ferias, paseantes, familias, estudiantes, jubilados y los viajantes que llegan, se suman a la locura de primera Junta, también del otro lado del tren, porque en Caballito pasa el metro que divide el barrio. Son pocas las estaciones que vislumbran una faceta distinta de la ciudad como la que muestra Caballito. Al avanzar hacia Avenida Avellaneda brotan pequeñas placitas y jardines, cerca de la calle Bacacay o Bogotà, justo donde pasa el tren, y parece una pequeña página de cuentos el cuidado y orgullo que sus vecinos demuestran por esta pequeña ciudad del oeste. Detrás del paredón inmenso que parte la línea del barrio, (Rivadavia al 5700 y Avellaneda al 1300), podemos encontrar el Club Ferrocarril Oeste, una inmensa mole que separa Caballito en dos, justo con la pasada del tren. Pero este Club tiene su historia porque en Julio de 1904, aquellos empleados del ferrocarril regional , lo fundaban con el propósito que sus asociados realizaran deportes. Recién, el  08 de Diciembre (Día de la virgen) de 1904 se formalizó dicha meta y en 1912, circunstancias especiales, hicieron que los empleados ingleses y argentinos de los ferrocarriles se enfrentaran en una disputa encarnizada, lo cual derivó en partidos de fútbol con hinchadas acérrimas de ambos lados que se jugaron en El Club Ferrocarril Oeste.

Clubes, subtes, parques y líneas férreas abrazan o atraviesan el barrio, y sus trenes son historia porque el 29 de Agosto de 1857 se inauguró La Porteña, la primera locomotora capitalina que cruzó Caballito. Era un espectáculo ver dicho transporte desplazarse por la ciudad oeste mientras las mujeres seducían a los caballeros en un ir y venir de  pantorrillas sensuales, bajo largos vestidos de encaje. Hoy, su gente ya no es la misma y el barrio se ha cotizado sobremanera.

En sus largas calles, Caballito se oxigena con el verde de Plaza Irlanda, ubicada en Avenida Gaona y F.J. Seguì. También sus vecinos encuentran diversión en el conocido Parque Rivadavia, situado en Avenida Rivadavia y Doblas. Este lugar es un verdadero símbolo de Caballito. Conrado Nalè Roxlo fue un devoto visitante del lugar e inspiró sus mejores poesías bajo las sombras del conocido ombú ubicado en el dicho parque.  Conrado vivió entre las calles Florencio Balcarce y la Avenida Rivadavia.

Caballito es un pedazo de historia anclado en la ciudad oeste de la Capital. Sus vecinos orgullosos hacen memoria en su orìgen mientras el pequeño trencito que cruza la Avenida Rivadavia, como distracción turística, viaja paralelo al viejo tren que avanza cercano a Bacacay y Yerbal, rumbo a Flores. El deber y el placer se entrelazan para rememorar historias de nuestra ciudad porteña pero Caballito no pierde su magia pintoresca del ayer y del hoy. Todavía,  la veleta de la pulpería de Don Nicolás Vila permanece altiva en nuestro presente y en las calles del barrio, pero ya no hay pulperías. Hay recuerdos, shoppins, turistas  y gente nueva. Es la historia de una veleta que dio orìgen al nombre de Caballito.

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06 de Abril de 2006

 ¿Dónde quedó el librero?

 

Caminando por la calle Corrientes, busco un libro antiguo sepultado en los anales del olvido.

Las transversales me llevan a los locales de textos viejos, pequeños antros de hojas amarillas y húmedas que, entre las manos del librero, adquieren un toque de belleza enigmática y particular. De pronto, tras los anteojos del erudito, se esconde la sabiduría que todo intelectual, con buen deseo, anhela adquirir.

Nadie mejor que el librero para saber el verdadero significado de la palabra escondida, del texto que duerme envejecido en la tierra de los stands de la ciudad porteña. El librero, con profundo conocimiento de trayectoria, me explica la vieja editorial que lo editó. Me habla sobre su argumento y sobre la confección de aquel libro cosido a mano, que ya no existe. Relata la vida de su autor fallecido, y divaga entre frases exactas, que suele extraer con deleite del viejo texto olvidado.

Pienso, mientras lo observo, en el increíble mundo de aquellos bohemios, que transitan el vasto universo de la universidad y la licenciatura para estar aquí, tan tímidamente, en este escondido salón a la sombra de la calle Corrientes. Ellos permanecen solos en su mundo particular, alejados del marketing actual mientras, en la transversal avenida, los vendedores de las más reconocidas empresas, combinan sus conocimientos con un toque informàtico para buscar alguna obra olvidada, tarea que el librero sabe desempeñar muy bien desde su riquísimo mundo de conocimiento total y a pulmón.

Son sólo paradojas del presente en la Era de las Comunicaciones.

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Lea y conozca algunos barrios, sitios e historias, que constituyen o han integrado nuestra hermosa ciudad porteña

Artículos escritos por Ana Leguìsamo Rameau

La Nave Producciones

 

19 de Julio de 2009

El Abasto y La Biblioteca

Yo suelo andar por Buenos Aires y disfrutar de sus rincones. Cuando veo un lugar histórico y noto lo mal tratado de sus paredes y techos, creo que esta ciudad no es merecida para muchos. Razón por la cual sucede que los turistas no comprenden el mal trato de sus calles y edificios.  Debido a èsto, a veces pienso que los extranjeros respetan los espacios bonaerenses mucho más que los mismos habitantes de este lugar. Por eso, salí a recorrer la ciudad y anclé en un lugar especial. Por cierto, demasiado porteño para todos: El Abasto. Un edificio remodelado pero que alberga su historia en los anales de las páginas, que supieron proteger los pies de Carlitos Gardel. Las calles escucharon sus canciones y el cielo del Abasto disfrutó y fue protagonista de la belleza del canto de sus cuerdas vocales. Hoy, el pasaje que lleva su nombre, es un claro homenaje a Carlitos.

Pensé en el Abasto. Me interesó su orìgen y sentí que retrocedía años y años en el tiempo, aunque no en el espacio, pues estaba allí, en Corrientes al 3200, entre Anchorena y Agüero. Sólo sabía que en 1889 habían existido construcciones precarias a las cuales llegaban carretas con mercaderías, y una ordenanza prohibía expresamente la comercialización de carne, la cual no se respetaba.

En un café del lugar nos encontramos el Arquitecto Oscar Arias y yo.  Él me mostró fotos varias de Buenos Aires, y en un ir y venir de adivinanzas, acerté lo que me presentaba. Eran bellísimas postales donde observé, mientras Arias hablaba y detallaba, sus historias interesantes. Una de las fotos expresaba el paisaje iconográfico del Abasto,  justo lo que necesitaba saber. Mi entrevistado comentaba que el mercado de Abasto se había construido en 1930 e inaugurado en 1934 siendo el más grande y avanzado de América del Sur. Luego, los ingenieros Delpini, Sulcic y Bes ganaron el concurso de proyectos resultando los autores de la obra. En aquel entonces
el lugar contaba con entrada de trenes, playa subterránea de maniobras y estacionamiento, cámara frigorífica central, dos escaleras mecánicas (una novedad para la época) y más de quinientos puestos con teléfono. Eso fue en 1930 pero  en 1983 había cerrado debido al traspaso a su actividad actual con el emplazamiento de la Autopista Richieri. Al final, en 1998, se reciclaba e inauguraba como el actual Shopping. Hoy es uno de los edificios más lindos de la ciudad.

A modo de anécdota, Arias agregaba: “¿Sabías que Antonio Berni propuso transformar el Abasto en un centro de Arte como el George Pompidú construido sobre el desaparecido mercado de París?”. A decir verdad, su comentario resultó toda una novedad para mí. Vaya si tendrá sorpresas Buenos Aires, pensé.

En otra foto, que va más allá del Abasto, llegamos a la Biblioteca Nacional (sólo era cuestión de bajar con la imaginación desde la misma calle Agüero, donde nos situábamos, hasta Palermo chico).  Allì Arias relataba:” Es una obra de Clorindo Testa, asociado a los arquitectos Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga. En el año 1958 se formó una comisión del Ministerio de educación para construir y buscar un solar donde levantar la biblioteca. Más tarde, adquirieron la quinta Unzué donde funcionaba hasta entonces la residencia presidencial de Olivos, pero en 1962 se llamó a concurso de proyectos y ganó Clorindo. Finalmente, la biblioteca se terminó de construir en 1992”.

Cuántos cafés necesitaré para aprender historias sobre Buenos Aires, pensé. No me alcanzaría con una vida. Sin embargo, dentro de mis escasos conocimientos, seguiré indagando porque, más allá de mi curiosidad, quiero que ustedes conozcan la gran historia de esta preciosa ciudad porteña, que se forja en los edificios que muchos habitantes se empeñan en destruir.

Agradecimientos: Arq. Oscar Arias

 

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14 de Febrero de 2006

San  Pedro González Telmo

Este nombre es la primera nominación que llevó el barrio sureño en homenaje a San Pedro González Telmo. Llamado simplemente San Telmo, este hombre nació cerca de Palencia, España, en el siglo XIII .  De familia muy bien, Telmo era un verdadero intelectual que había elegido la Universidad como manifestación de sus inquietudes pero el camino hizo que dedicara su vida a Dios.

Cuenta la historia que una tarde, Pedro González, yacía junto a unos peñascos en compañía de varios pescadores. De pronto, una tormenta irrumpió y la violencia de la tempestad sumió en el terror a los hombres de la playa. Posteriormente, éste dibujó una cruz en el aire, persignándose, e inmediatamente la tormenta desapareció como por arte de magia. Ese había sido el milagro de San Pedro González Telmo, un fraile de la Orden dominicana. El elegido que encomendó su vida precisamente el día 15 de abril de 1246 (el Domingo de Cuasimodo) a los cincuenta y seis años de edad, cuando su vida se hallaba algo precaria por las enfermedades.

Con el tiempo, el barrio que hoy conocemos como San Telmo, adoptó el nombre de Altos de San Pedro. La República de San Telmo se fundó el 9 de julio de 1960, precisamente en la Pulpería "Los Troncos", que se encuentra en la calle Balcarce 959. Hoy, la Sede Central, se encuentra en Estados Unidos 458. 

La gente que llegaba hasta el lugar eran obreros sacrificados y cansados que se acercaban (en el siglo XVIII) con sus carretas para descansar, y hacer un alto en el puerto. Por eso tomaron como patrono a San Pedro González Telmo, aquel que dedicó a predicar el Evangelio entre los navegantes y pescadores de Galicia y Portugal.

Pronto, el barrio creció y la alta elite se instaló allí. Domingo French, Esteban Echeverría, Esteban De Luca y otros tantos pasaron a formar la alta sociedad porteña de San Telmo. Con las invasiones inglesas el territorio se transformó en un verdadero río de sangre donde se fundaron dos importantes hospitales. La historia recuerda a Martina Céspedes, quien aprisionó a once ingleses que entraron en su hogar, pero el destino quedó marcado a fuego con el casamiento de uno de estos prisioneros y la hija de Martina Céspedes. Más tarde, San Telmo sufrió la terrible epidemia de fiebre amarilla, en 1871, lo cual hizo emigrar a las familias más adineradas. El abandono de enormes casas hizo que los inmigrantes obtuvieran un refugio en sus vidas, trasformándose, penosamente, en conventillos. Había caseríos abandonados como el Conventillo de la paloma, inquilinato  del año 1840, compuesto por noventa y seis habitaciones y tres patios.  El mismo que estaba situado en Defensa 735. Aquel donde  vivió nuestra querida Tita Merello. En San Telmo,  en Chacabuco 1450, también residió la cantante y actriz Imperio Argentina, la misma que actuara con Carlos Gardel. El barrio también fue cuna del Ex Presidente  Julio Argentino Roca. También, en Bolívar al 1128, se encuentra el antiguo Palacio de la Familia Lanusse, donde hoy se ubica la Mutual de Personal del Banco de Desarrollo.

San Telmo es todo historia y recuerdos de un pasado hoy hecho realidad. En el imaginario porteño, todavía surcan las ruedas de carretas abandonadas por los pescadores del fraile de la Orden Dominicana. Los turistas embelesados por este pedazo de crónica argentina se mezclan con las creencias del ayer, y San Pedro González Telmo reaparece dibujando una cruz en el aire para transformarse ante los hombres de su barrio en la fuente de inspiración donde vivieron los grandes políticos, obreros y artistas, que ya no están. Cantarán Tita Merello o Julio Sosa, tal vez:

 

"¡Candombe! ¡Candombe negro!

¡Nostalgia de Buenos Aires

por las calles de San Telmo

viene moviendo la calle!"

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06 de Abril de 2006

Mataderos Blues

Muchos han inspirado estrofas de sus mejores canciones en lugares puntuales de Buenos Aires. En sus barrios duerme la fuente de inspiración más exquisita y el olor a tango se pierde en las melodías, estrofas o artículos de alguna alusión barrial de la ciudad. Algunas personalidades marcan la etiqueta de su región. Borges relata historias de malevaje con un sentir incomparable que delata las veredas palermitanas de la época. Alberto Castillo nos dice que en Corrientes 348 2º Piso Ascensor hay un departamento “A media luz” y, por supuesto, nos pinta un sitio en pleno centro, tan porteño como el cabaret. Edmundo Rivero se traslada al “Sur” y nos canta “Cafetín de Buenos Aires” y alude a una perfecta inspiración porteña de bares y mujeres, tal vez encontrados en Avellaneda o Barracas. Jorge Maciel, oriundo de La Boca, recuerda a “Vuelta de Rocha” con su melodiosa voz enredada en “Remembranzas”. En un palpitar más generalizado Pichuco nos describe la melancolía de sus partituras con “Che, Buenos Aires” y allí se entremezcla todo el amor fervoroso por la ciudad porteña del ayer. Por supuesto, no hay nada que expresar con una de las canciones tangueras más románticas al sentir especial de Carlos Gardel con “Mi Buenos Aires querido” o su inolvidable “Caminito” memorando la patria de Jorge Maciel o su “Barrio reo” aludiendo algún lugar porteño de malandras. Pero ¿qué ocurre con ciertos suburbios donde han sido verdaderos íconos de imaginación para los poetas enamorados? Memphis La Blusera interpreta “Mataderos Blues” y allí el barrio, los amigos, los recuerdos y las vivencias cobran fuerza en sus temas. En el paisaje de su narrativa late la verdadera esencia de Mataderos, antes llamado “Nueva Chicago”. Aquí podemos mencionar que la particularidad de este barrio, entre tantas anécdotas, es el recuerdo de sus propios artistas u hombres destacados. Si viajamos hacia los años treinta no podemos olvidar a Justo Juárez “El torito de Mataderos”, este hombre que fue centro verdadero de inspiraciones tangueras. Este torito había sido boxeador, quien debutó a los quince años como peso mosca. Falleció al contraer tuberculosis. Es hoy un ser muy querido por Mataderos y una figura destacada del deporte al cual, los vecinos, levantaron un busto en su memoria. También Tito Bessone, líder del Turismo Carretera, recuerda al barrio con amor pues éste fue su cuna. Oscar Sbarra Mitre (Director de la Biblioteca Nacional) es otro ciudadano nacido en esta República de Mataderos, el cual inspiró milongas y candombes que ponen al descubierto las costumbres de su gente. Los payadores no están al margen pues éstos ocuparon un papel preponderante ya que en la década de los 60 y parte de los 70 se concentraban en el barrio para proceder con sus cantares. Claro, hoy se revive como en las mejores épocas el sentir nacional de aquellos que forjaron la región pues La Feria de Mataderos es un verdadero encuentro que funde la historia con el antes y el ahora.

 

La Feria de Mataderos

 

La feria de Mataderos fue creada en el año 1986 por la Lic. Sara Vinocur. En este espacio artístico y cultural el visitante podrá divertirse con los eventos realizados durante los fines de semana. Los días Domingo se desarrollan todo tipo de actividades donde las familia, los amigos y los turistas pueden disfrutar recitales en grandes escenarios de carácter nacional. El folklore es el amigo incondicional del barrio, aunque Memphis cante “Mataderos Blues” pero Mataderos también huele a tango y blues. Las guitarreadas de sus gauchos (gauchos locales enfundados y también auténticos) regalan a la feria verdaderas payadas. También los artistas invitados hacen que Mataderos se transforme en una incógnita para el encuentro con sus cantores. Hay buena comida donde se protagoniza el infaltable asado, el choripán, los productos regionales, el buen vino y los exquisitos postres criollos. Los centenares de puestos nos ubican en lo más autóctono de las provincias. Objetos, fogones, manjares varios, mermeladas, dulces, pan casero, ropa, ponchos, sombreros, cuchillos, etc. nos recuerdan que, en Mataderos, los Domingo, parte de las historias gauchescas de Benito Lynch, se instalan en el barrio.

La feria de Mataderos tiene para sus visitantes talleres gratuitos a gusto y elección. Los paseantes podrán optar entre cursos breves de guitarra, telar, ajedrez, plástica, danza y otros. También se bailan zambas, malambos, gatos, y se hacen guitarreadas. Hay kermesse como en los viejos tiempos que rememoran aquellos encuentros cuando los chicos y la familia se reunían en la escuela, la casa o el club para romper la piñata y encontrar el premio tan ansiado. Todo era una fiesta y un símbolo del Río de la Plata que hoy resurge en Mataderos los fines de semana.

La entrada es libre y gratuita. Se suspende por lluvia

La feria se ubica en Av. Lisandro De La Torre y Av. De Los Corrales. Teléfonos: 4372-4836 y 4374-9664.

 

Museo Criollo de los Corrales

 

Ubicado en lo que era La Administración de los Mataderos es hoy un edificio de arquitectura italiana. Este museo se inauguró el 9 de Julio de 1964 y fue declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1979. Hay empedrados de plata y oro. La visión del sulki nos instala en medio del campo, como si allá caminara Don Segundo Sombra con sus botas de potro revoleando algún rebenque amenazante. Aquí se exponen verdaderas obras gauchescas como espuelas, boleadoras, cintos, objetos varios de cuero y, además, cuenta con un patio de época adornado por un aljibe que brota como reliquia de antaño para las páginas de la historia argentina. Sólo faltan las chinas debajo de la parra cocinando las tortas fritas para sus paisanos en un ir y venir de mates y payadas. De piropos y cuestiones políticas al buen estilo del rebelde Martín Fierro.

El Museo Criollo de los Corrales está ubicado en la Avenida de los Corrales 6436.

Teléfono: 4571-6143.

 

Gauchos clonados

 

¿Quién dijo que no hay gauchos clonados? Son mezcla de pasado y presente. Los hay de todos los colores y religiones. ¿Quién no escuchó alguna vez hablar sobre los gauchos judíos, pampeanos, entrerrianos o de algún otro credo o provincia? Los gauchos son todos gauchos pero con orìgen diferente y vaya si se han hecho valer a lo largo de la historia. Bien sabe de eso el gran Martín Fierro, hombre político y payador. El gaucho siempre quiso adjudicarse un lugar en la historia y por supuesto que lo ha logrado. Pero en Mataderos también hay gauchos clonados con espuelas y bombachas que, en un tono de paisano solidario, nos enseña las bellezas de la tierra y nuestra patria. Es ese gaucho del siglo XXI que, mientras conversa sobre mates, pasteles o chicharrones, desconcentra su charla al llamado del celular.

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30 de Agosto de 2009

Caperucita Roja en Palermo

Es normal me encuentre con el Arquitecto Oscar Arias, cada vez que ambos disponemos de tiempo. Lo que puede resultar un tanto curioso es saber que hemos estado charlando en una plaza de la Avenida Figueroa Alcorta sobre la vida de Caperucita Roja. Esta niña del cuento infantil guarda una historia de memoria especial en nuestra ciudad. Sepan entonces que hubo un escultor en Buenos Aires que levantó un monumento en su homenaje (y vaya si ella se lo merece pues entró, desde tiempos remotos, en la vida pequeña de cada uno de nosotros hasta la actualidad)

Esta estatua a Caperucita Roja está emplazada sobre Av. Sarmiento, entre Av. Libertador y Av. Figueroa Alcorta. Fue realizada por el escultor francés Juan Mario Carlus en 1937. Èsto se produjo  durante su visita a la Argentina. Su primer emplazamiento fue hasta 1972, precisamente en Plaza Lavalle. Luego la mudanza dio lugar hacia un  sitio ideal: los bosques de Palermo. Su pequeña placa de bronce tuvo que ser repuesta por una de cemento.

Como es sabido, en Buenos Aires, son muchos los irrespetuosos que, con un sentimiento anti cultural, insultan, vilipendian y destruyen nuestro patrimonio. Tal es el caso de Caperucita Roja, quien ha recibido agravios a través de graffitis e incluso se la ha querido raptar. Otro dato que aporta a nuestra cultura universal es el hecho que esta escultura es la única dedicada, en todo el mundo, a la gran Caperucita Roja. Si usted viaja lejos a donde quiera, jamás encontrará un monumento inspirado en ella. Caperucita ancló en Buenos Aires para quedarse.

De acuerdo como la imaginó Charles Perrault, en el S.XVII, autor también del “Gato con botas”, ella lleva su canasta con un frasco de dulce y una torta. En su mano se vislumbra un ramo de flores para su abuela, pero desde  atrás asecha el lobo.

Según la teoría políticamente correcta de James Finn Garner (la cual ha despertado duras críticas sobre el clásico cuento de Caperucita Roja)  dice que muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.
De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta. Ella respondió y luego el lobo prosiguió la charla.
-No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.
Y Caperucita respondió:
-Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial -en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.
Caperucita Roja enfiló nuevamente al sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho. Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:

-Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.
-Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.
-¡Oh! -repuso Caperucita-. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo. Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
-Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.
-Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!... relativamente hablando, claro está, y a su modo indudablemente atractiva.
-Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.
-Y... ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes! – a lo que respondió el lobo:
-Soy feliz de ser quien soy y lo que soy -y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla.
Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.
Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnico en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.
-¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita.
El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.
-¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Dueño y Señor  y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita-. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre?
Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuo y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.

Agradecimientos: Arq. Oscar Ar

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10 de Mayo de 2006

La Boca de Buenos Aires

Buenos Aires tiene barrios realmente encantadores. Todos poseen su estilo y etiqueta personal que hacen de esta ciudad uno de los lugares más bellos del mundo. Bautizamos a artistas y gente célebre con preposiciones subordinantes que, acompañando a un nombre, nos refiere a su propiedad. Tal es el caso de Tita de Buenos Aires (Emblemático tango de Cacho Castaña) , El Morocho del Abasto (Seudónimo de Carlos Gardel),  o  El cantor de los cien barrios porteños (Alusión a Alberto Castillo por su protagonismo en el conocido filme y vals que lo distinguió).  Éstos son algunos títulos que conforman el vasto vocabulario porteño. Cabe destacar que todos aquellos que han cantado a Buenos Aires, basaron su obra en algún rincón de la zona Sur. La Boca es uno de esos sitios que lleva el sombrero puesto del tango. En sus conventillos se encuentra la esencia del cantar de Buenos Aires al decir de alguna vitrola que suena a lo lejos en una cantina italiana. Caminito, el corazón de este barrio, se yergue sobre paredes y casitas colorinches que conforman la pobreza de su gente o, quizás, algún atelier de bohemios pintores. La clase humilde se mezcla con la alta èlite de los turistas que llegan al lugar y los artistas en sus calles promocionan la belleza de la tradicional ciudad. Este pasaje ha sido fuente de inspiración del pintor Benito Quinquela  Martín, quien además fue el autor del nombre “Caminito”. Por supuesto, Carlos Gardel también cantó y glorificó para siempre en el mundo la magia entera de su acera.

La Boca es un barrio que alberga tonadas de tarantela o canciones napolitanas por la

afluencia de sus inmigrantes italianos. Tiene innumerables casas humildes que desentonan en contrastes diversos El orìgen de los colores, proviene de los sobrantes de pintura que los marineros traían a sus casas. Debido a lo costoso del material, se pintaba primero los marcos hasta agotarla y luego, se repasaba las paredes con algún otro tono acorde a los anteriores. Don Benito Quinquela Martín, captó esta peculiaridad y la adoptó para darle colorido a sus cuadros. Así fue que fomentó la adopción definitiva de esta particularidad, que pasó a formar parte de la personalidad del barrio, gracias a su intervención.

La Boca también es la región más encarnizada, futbolísticamente hablando, si tenemos en cuenta que en la calle Brandsen 805 se sitúa el Club Boca Juniors. Esta Institución fue bautizada por los mismos boquenses, los cuales le adjuntaron “Juniors” para darle más prestigio a la Asociación ya que, en aquellos tiempos, el barrio poseía fama de rebelde. Antes, se la denominó “xeneize” en alusión a los habitantes genoveses del lugar.

El Riachuelo de La Boca ha alternado varios nombres: Riachuelo de Barracas o Riachuelo de los Navíos en homenaje a los navegantes de la región. También el Museo Benito Quinquela Martín es todo un ícono del lugar y representa (casi en su totalidad) la cruda realidad del hombre marino. Está ubicado en Pedro de Mendoza 1835, justo enfrente del Riachuelo y  Vuelta de Rocha, lugar donde inspirara Enrique Lary y Ema Suarez aquella dulce “Canzoneta” interpretada por el oriundo Jorge Maciel.

Sin embargo, La Boca es hoy uno de los barrios más pintorescos y singulares de la Capital. Sus calles de adoquines y altos cordones, a causa de las inundaciones, tienen un matìz particular,  y todo allí se visualiza con encanto. Las parejas bailan el tango en alguna esquina contrastando la imagen peculiar ante los turistas que se llevan un recuerdo de Buenos Aires. Otros cantan algún vals de años otrora. Se venden souvenirs a precios costosos. Se intercambian antigüedades, discos, libros y recuerdos, mientras la paica ofrece la gorra para llevar el pan a su mesa.

La Boca también tiene su cumpleaños y se celebra el 23 de Agosto. Este barrio tiene un sentido particular de unión entre sus habitantes. Los intelectuales del lugar alegan que la gente de la cultura sur es humilde pero rica en sabiduría, y si bien el saber no ocupa lugar,  la bohemia del barrio invade las calles. Por eso, La Boca está allí, puesta en el sur y en las entrañas de Buenos Aires para mostrar al mundo esa réplica que intentó develar Benito Quinquela Martín, y que hoy el mundo conoce como un trozo de historia de arrabal.

 

* Paica: mujer de arrabal.

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31 de Julio de 2009

Puente de la mujer en Puerto Madero

 

Si usted es machista y considera que las mujeres no debemos tener nuestro propio monumento, le recomiendo no lea este artículo. En verdad las féminas también poseemos un homenaje a nuestra imagen y ésta está dada a través del puente ubicado en Puerto Madero. Se dice que detrás de un gran hombre, existe una gran mujer, razón por la cual, cuando usted camine, practique bicicleta, haga maratón,  o pasee en coche por Madero, recordará la grata figura de su mujer, de su hija, su novia,  o por qué no la de su suegra.

“El puente de la mujer”, en nuestro homenaje, se encuentra en el Dique número tres, perteneciente al ya detallado Puerto Madero, entre Pierina Dealessi y Manuela Gorriti, precisamente a la altura de la Casa Rosada. Le explico, por si usted tiene alguna duda, que dicho monumento es toda una paquetería turística. Simboliza una especie de pico gigante oblicuo, que no es consecuencia de ningún acto de locura artística, pues tiene su significado bien infundido.

Este es el Puerto viejo de la Ciudad y se usó pocos años. El que está en actividad es el “Puerto Nuevo”, al Norte del este, a la altura de Estación Retiro.

El Arquitecto Oscar Arias, profesional a quien entrevisto asiduamente, me dice: “Sabías que todas las calles de Puerto Madero tienen nombre de mujer? Ellos son veintitrés”. Por suerte Arias no es machista así es que charlamos distendidamente pues él valora los monumentos inspirados en nombre de mujer.

La inauguración del puente, que lleva nuestro título, fue un 20 de Diciembre de 2001.  En 1989 se formó la “Corporación Antiguo Puerto Madero S.A.” con el fin de darle impulso urbanístico al área de ciento setenta hectáreas. Uno de los inversores de esta Corporación fue Alberto González, quien decidió hacer una donación. Para èsto encargó el diseño de este puente al Arquitecto valenciano Santiago Calatrava, el cual es de reconocimiento internacional. Por ello es, hasta el momento, la única obra en Sudamérica creada por este profesional. El gran puente, es decir, la donación, le costó unos seis millones de dólares. A pesar de la enorme crisis se invirtió en la enorme mole, que hoy podemos conocer.

La pasarela mide siento sesenta metros de largo por seis metros de ancho. Tiene dos partes fijas a cada lado y una fracción de ciento dos metros central, que gira sobre un pivot desplazado en el corazón, impulsado por un motor comandado por una computadora, el cual se desplaza  y rota cada vez que transita una embarcación. El muelle pesa ochocientas toneladas.

Su abstracto diseño figura, según el autor, una pareja bailando el tango y la parte horizontal, suavemente curvada, inspira a la mujer. Con el mástil inclinado, el cual mide treinta y nueve metros de altura, aparece la imagen del hombre, quien está simbolizado a través de una bella metáfora donde sostiene a la mujer en una pose netamente porteña y  tanguera.

La colosal postal fue realizada totalmente en Bilbao con un acero que aquí no se fabrica y en el año 2008 recibió el premio internacional que confiere la Federación Internacional de Bienes Raíces, y que le fue dado en la ciudad de Ámsterdam.

Al parecer el Arquitecto Santiago Calatrava tiene como fuente de inspiración a las mujeres, aunque ha diseñado muchísimas obras (más allá de nosotras),  y quizás sea un reconocedor de la belleza argentina, por eso se dice que las damas de esta Nación son unas de las más lindas del mundo. He aquí nuestro monumento y nuestro barrio donde los homenajes a nosotras no faltan porque Madero nos ha guardado un lugar especial en el puente y en sus calles.

 

Agradecimientos al Arquitecto Oscar Arias

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14 de Abril de 2008

 

El Italpark

¿Quién no fantaseó tantas veces con una máquina del tiempo que nos regrese a nuestra mejor época? Estaciones y lugares nos han marcado a fuego porque la nostalgia, muchas veces, se entremezcla con la melodía de alguna canción lejana que nos devuelve al pasado. Caminar por alguna calle y sentir el perfume de una comida casera nos recuerda a la sopa de la abuela. Escuchar el silbido de un pájaro nos acerca al momento más vivo que tuvimos en nuestra niñez, cuando el abuelo caminaba por la vereda e improvisaba alguna vieja canción extranjera. Todo forma parte del pasado y, aunque nos duela, debemos aprender a pensar que ya no están. Los seres queridos, las calles, los sitios más preciados y todo aquello que nos vio crecer.

Podríamos hacer una larga lista de lugares que dejaron de existir pero hay sitios que identificaron a nuestra ciudad porteña. En la memoria de mis mejores lugares me pregunto ¿Qué ocurrió con el  Italpark? En la locura actual de las agresiones, de los ataques, o de esta crisis  que se empecina en herirnos día a día, hay lugares que pueden resultar un bello recuerdo del pasado. Dentro del Italpark, el tren fantasma, era uno de esos juegos que hoy no asustan a nadie pero que, en su época, resultaron el terror del momento. Un niño hoy se reiría si transitara aquellos túneles oscuros con personajes mal trazados, que caían de hombros cuando el trencito daba vuelta cada esquina. En verdad, más que las figuras, los sonidos eran quienes coqueteaban más con el estremecimiento del viejo tren. Lo que asustaba eran los audios: muchos gritos, música tétrica y estruendosa, y risas sarcásticas como en los mejores Thrillers.

El Italpark fue uno de los parques de diversiones más llamativos. Estaba ubicado en pleno barrio de la Recoleta, precisamente en la intersección de las avenidas Libertador y Callao.  Fundado en 1960 por los hermanos Adelino y Luis Zanon llegó a ser en la década del `80 el parque más grande de Sudamérica. Fue un verdadero clásico nacional. Estampitas coleccionables de la memoria nos recuerdan al pulpo quien, en un ir y venir, nos dejaba sin aliento con toda aquella sensación de estropearnos contra alguien. La montaña rusa nos emocionaba cuando subía la eterna rampa pero al advertirnos sobre la proximidad del vacío nos despertaba cierta cosquilla de pánico cuando, al instante, se desplomaba hacia el vacío. También existía  el laberinto del terror, que era el pánico personificado en histeria colectiva. El barco con sus pisos innumerables a través de la oscuridad, y la famosa nave con un Capitán a gritos advirtiendo: “Abandonen la nave, abandonen la nave”. Como olvidar a las tazas y sus “vuelteretas” que, a más de a uno, despertó el mal estar de los mareos. Los autitos chocadores fueron otro clásico, inclusive en filmaciones de películas nacionales, como es el caso de Alberto Olmedo, quien fue un fanático de ese juego. También estaban los coches de Fórmula Uno donde, en la masiva imaginación, todos eran Shumacher o Fangio,  y había que ver como esos autos sacaban chispa, cuando entraban en calentamiento.  Sin embargo, el Teleférico era más pasivo y recorría a lo largo el gran parque haciendo viajes desde un lado hacia el otro. Más cerca de Callao, quedaba un enorme cine con películas impresionantes, que alertaban en su entrada: “No apto para mujeres embarazadas o cardíacos”. Otras fueron las sillas voladoras, el Cinema Ciento Ochenta, y en los últimos tiempos el Samba, el gran boom de lo inédito con mucha gente saltando en el centro de su pista.

Como todo lo bueno termina, también terminó el Italpark y fue en El Matter Horn  donde se produjo la terrible tragedia que pondría fin a nuestro mundo de sueños llamado “Italpark”. Fue allí y en el año 1990, cuando Roxana Celia Alaimo, de tan sólo quince años murió fatalmente por negligencia en el mantenimiento de las máquinas. Negligencia es un término que, desgraciadamente, reincide en nuestro país y èsto fue lo que puso fin a nuestro centro de diversiones llamado Italpark, un lugar donde los grandes y los chicos éramos todos niños. Donde los padres encontraban la excusa para llevar a sus hijos y gastarse “una ficha” en el juego preferido. El Italpark fue ese lugar de sueños que acompañó la cara pintoresca de la ciudad porteña y, aunque nos pese (descontando la fatal negligencia) formó parte de una etapa que nos viò crecer y, tras ella,  quedó anclada en la memoria como una perdida postal más de Buenos Aires.

 

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08 de Abril de 2006

San José de Flores

Este barrio no inspira su nombre en un puñado de flores que adornan una plaza o un jardín sino recuerda a quien fue uno de sus fundadores, y quien invirtió una de sus mayores fortunas para hacer de dicho lugar uno de los más pintorescos de Buenos Aires: Juan Diego Flores. Como un juego de palabras y nombres conjugados, también alude a San José de Flores, patrono de la Capilla que luce inmensa sobre la Avenida Rivadavia y Artigas, frente a la plaza principal, antes llamada Plaza 14 de Julio. De esta fusión surge este título que suena ecológico. Sobre la Basílica recordamos a su fundador, el Ingeniero Felipe Senillosa, hombre que diseñó y construyó Ad Honorem sus poderosas paredes, precisamente el 11 de diciembre de 1831

La larga Avenida Rivadavia, ícono de la región,  nace en el micro centro. Luego, se desplaza infinita y es cruzada por el barrio, justo en el corazón de Flores. Sus límites son: Portela, Cuenca, Av. Gaona, Av. Tte. Gral. Donato Alvarez, Curapaligüe, Av. Directorio, Av. Carabobo, Av. Castañares, Torres y Tenorio, Av. Riestra, Av. Perito Moreno, Av. Castañares, Lacarra, Av. Tte. Gral. Luis J. Dellepiane.

Flores tiene vieja historia  en sus calles. La política y la patria surcó sus avenidas. Este es el caso de Juan Manuel de Rosas, quien poseía una de sus tantas propiedades junto a amigos de suma confianza como el Dr. Terrero, abogado prestigioso y apoderado judicial del Gobernador de Buenos Aires, quien vivió en Av. Rivadavia 6440. A pesar de las diferencias políticas vividas en la época, también allí Justo José de Urquiza levantó una quinta de su propiedad a la cual bautizó Palacio San José, con domicilio en Av. Rivadavia (Ex Federación) y Carabobo. Manuel Dorrego contó con un célebre funeral en la iglesia San José de Flores y, frente a ésta, (paradoja aparte) la plaza , que los vecinos hoy denominan “Plaza Flores”, fue blanco tétrico donde los unitarios (seguidores de Urquiza) cayeron fusilados a sangre fría por orden de Juan Manuel de Rosas.

Otras anécdotas emergen de este barrio singular pues nombres célebres constituyeron sus calles pintorescas. Ellos son Roberto Arlt, quien vivió en Mendes de Andes 2138 y Alfonsina Storni, en Terrada 578. También,   Agustín Magaldi, Hugo del Carril, Rosita Melo (autora del vals "Desde el alma), Oliverio Girondo y Enrique Cadìcamo. En la lista, se adiciona a Juan Domingo Perón quien residió, siendo joven,  junto a su primera esposa.

Flores posee innumerables paisajes, tal es el caso de El Ferrocarril del Oeste, que se inauguró en 1857. La primera estación se ubicó a la altura de la calle Gavilán y se trasladó a su lugar actual en 1864.

La historia con federales y unitarios, se incrustó apasionada en las calles del Oeste. Murieron hombres (allá por el 1800) en la Plaza 14 de Julio, cuando la divisa punzó teñía de rojo los pechos de los patriotas rositas.  Nacieron versos porque Alfonsina, Girondo y Arlt también fueron inspiradoradores en sus calles. Rosita Melo y Enrique Cadìcamo se perdieron en un tango con flores. Son sólo puñados de recuerdos que albergaron los ideales del ayer. Sin embargo, la música también respiró el aire del barrio pues Enrique Gaudino (letra) y Armando Acquarone (música) escribieron en 1935 el célebre tango “San José de Flores”. 

“Me da pena de verte hoy, barrio de Flores,
rincón de mis juegos, cordial y felìz.
Recuerdos queridos, novela de amores
que evoca un romance de dicha sin fin...
Nací en ese barrio, crecí en sus veredas,
un día alcé el vuelo soñando triunfar,
y hoy, pobre y vencido, cargado de penas,
he vuelto cansado de tanto ambular...”

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08 de Diciembre de 2005

Plazas con Historia

Buenos Aires es una ciudad llena de encantos turísticos. Con èsto mucho no decimos. El mundo lo sabe. Sobre todo aquellos extranjeros que boquiabiertos quedan con la variedad arquitectónica de sus edificios. La fama de su belleza y armonía hoy recorre el mundo y los visitantes se regodean con el placer de sus esquinas.

Si uno piensa en los íconos que engalanan esta ciudad porteña, automáticamente, recordamos sus plazas o parques.

Indudablemente, La Plaza San Martín es uno de esos lugares característicos que nos deslumbran, y mucho ha sabido de èsto el escritor argentino Ernesto Sàbato, autor de su obra genial El Túnel. Libro inspirado en esta pintoresca plaza donde sus protagonistas Juan Pablo Castel y María Iribarne sellaban su amor mediante efímeros encuentros. Fundada en el año 1878, La Plaza San Martín, fue todo un homenaje al nombre del libertador Don José de San Martín. Sus majestuosos árboles se inclinan sobre sus baldosas y las calles que la rodean adquieren una figura extraña (muy diferente de otras plazas)  con un sentido asimétrico de sus lados. Este precioso paisaje es corazón del barrio de Retiro y se encuentra justo enfrente del edificio de Relaciones Exteriores.

La Plaza de Mayo también posee su pasado comprobado. Nació y sigue vibrando a través de las páginas políticas de la historia. El movimiento peronista del año 1953 la recuerda como uno de los centros de encuentros más notables, cuando la CGT organizó una manifestación en apoyo al Presidente Juan Domingo Perón, e hizo detonar la bomba que logró una sorda conmoción que terminó en tragedia. También ésta es la plaza que siguió alentando, más allá de todo, la ideología de su conductor. Fue el centro de reunión de Las Abuelas y Madres de hijos desaparecidos. En su nombre, llamadas “Madres de Plaza de Mayo”, cuando los Jueves a las 15:00 molestaban la paciencia del presidente Jorge Rafael Videla. Los bancos de la plaza rememoran sus procesiones pues eran casi setenta mujeres las que circulaban por sus veredas con sus pañuelos blancos, gritando los nombres de sus hijos ausentes. La Plaza de Mayo también es el corazón que respalda edificios como el Cabildo, las calles diagonales, la Catedral y la Casa Rosada. Fue alfombra de banderas cuando, en la década del ‘ 80, desfilaron los presidentes del resurgir democrático, hasta nuestros días.

Por supuesto no podemos dejar mencionar el inmenso Parque Lezama, bien al sur de la Capital. Allí, se yergue cual pulmón en un ir y venir de barrancas, cuesta abajo.  En la época de Rosas, sobre la calle Defensa, se abría un “Jardín concierto” donde tocaban orquestas alemanas. También fue el lugar donde Encarnación Ezcurra persuadió a los fieles de Juan Manuel de Rosas. Más tarde, muy tradicional de la época era La Bella Italia, un café cercano que ofrecía fragmentos del bel canto a los visitantes que circulaban cerca de dicho parque. Lezama se haya entre San Telmo y La Boca.

En el bario de Palermo se abre, en su melancólico corazón, entre Serrano y Honduras, una bella y pequeña plaza llamada Julio Cortàzar. Centro de artesanos, intelectuales y bohemios, que disfrutan de una charla en su centro o alrededor del complejo de pubs que la braza, es una bella posibilidad para acercarse. Cortàzar es hoy uno de los centros turísticos más pintorescos y llamativos. Queda muy cerca de la casa donde Jorge Luis Borges vivió. Digamos que la presencia de Borges permanece intacta a metros de Cortàzar, o tal vez, ambos (tan porteños) salgan a pasear por sus veredas o a tomar un poco de té o café en algún bar de su plaza.

Buenos Aires, la ciudad que no duerme, posee infinitos recursos para ser disfrutada. En sus calles, sus veredas, sus bares, sus plazas o sus parques, duerme una invitación tentadora que nos obliga, agradablemente, a conocerla.

 

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20 de Marzo de 2010

El Teatro Colón

 

El Colón reabre sus puertas

 

Es uno de mis grandes deseos dedicarle un artículo al querido Teatro Colón, y es que estamos en fecha del bicentenario argentino, por ende, son muchos los que cumplen 200 años. Edificios, que constituyen la historia antigua de esta bella nación festejan de un modo muy especial. Sobre ello nos centralizaremos pues existen construcciones, que van más allá de este país. Las hay aquellas que forman parte del patrimonio nacional y son reconocidas en todo el mundo. Me refiero, en estas circunstancias peculiares, al distinguido Teatro Colón  pero antes de recordar su historia quiero reafirmar que, la apertura de este bello teatro, se logrará el lunes 24 de mayo. Mucho se ha dicho sobre el nuevo Teatro Colón reciclado. Se ha hecho vox populi , que reabriría sus puertas el Martes 25 de Mayo, coincidente con la fecha patria, aunque (hace tiempo atrás) el Jefe de Gobierno Mauricio Macri hizo la salvedad alegando que será el 24 de Mayo cuando el Colón ponga a tono lo mejor de sus melodías. Serán muchos los que van a estar expectantes aguardando ser partícipes de esta historia, de esta etapa, que tiene un punto y aparte en la vida del Teatro Colón.

Si bien el Colón cumplió 100 años en 2008 su acústica es una de las más exclusivas del mundo. Festeja el bicentenario del la Ciudad pero apaga 103 velitas. Es importante saber que, al cumplir sus 103 años, el Colón se preparó para dar lo mejor de sí, aunque no pudo lograrlo pues debió actuar allí la Orquesta de la Ópera de Berlín dirigida por Daniel Barenboim pero ésta debió cambiar de sitio debido a que el teatro no se encontraba en condiciones de emitirla, razón por la cual el concierto debió ser diferido al estadio Luna Park.

El Teatro Colón fue inaugurado el 25 de mayo de 1908 con la ópera Aida de Giuseppe Verdi, Hoy se encuentra limitado por las calles Cerrito, Viamonte, Tucumán y Libertad. Actualmente. El edificio ocupa 8.200 metros cuadrados y la superficie total es de 58.000 metros cuadrados. En noviembre de 1989 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

El Colón es destacado por acunar a artistas de la talla de Richard Strauss, Igor Stravinsky, Camille Saint-Saëns, Manuel de Falla, Héctor Panizza, Juan José Castro y Gerardo Gandini. También  importantes directores de orquesta estuvieron allí, tales como Arturo Toscanini, Herbert von Karajan, Tulio Serafin,  y Zubin Mehta, entre otros tantos. Cantantes como  Enrico Caruso, Alfredo Kraus, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, Lily Pons, Maria Callas, Renata Tebaldi, Joan Sutherland, Birgit , Kiri Te Kanawa, Teresa Berganza,  Sherrill Milnes, José van Dam y Samuel Ramey son sólo parte de aquellos, que interpretaron, a través de sus bellas voces, el sentir de la ópera y el arte musical del mundo. Debemos recordar que el Colón no sólo ha alojado a cantantes talentosos sino también a bailarines privilegiados del ámbito nacional e internacional. Ellos han sido  Anna Pavlova, Vaslav Nijinsky, Rudolf Nureyev, Alicia Alonso, Maia Plissetskaya, Margot Fonteyn, Mijail Barishnikov, Vladimir Vassiliev, Antonio Gades y los argentinos María Ruanova, Olga Ferri, Michel Borovsky, José Neglia, Norma Fontenla, Wasil Tupin, Esmeralda Agloglia, Jorge Donn, Julio Bocca, Maximiliano Guerra y Paloma Herrera, entre muchísimos de todos los continentes.

En el año 2000 el Poder Ejecutivo de la Ciudad, a través de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural, convocó a la Dirección General de Infraestructura para elaborar un “Plan Maestro” o “Master Plan” para la puesta en valor del edificio y actualización tecnológica de la caja escénica. Mediante tales reformas, el Teatro Colón ha permanecido totalmente cerrado. Allí, los reciclajes y construcciones, comenzaron a crear expectativas para lo que hoy muchos nos preparamos a conocer en este 24 de Mayo de 2010, que se avecina.

Más de 500 operarios y expertos en diferentes disciplinas trabajan para mantener en pie este bello edificio de la Ciudad y del mundo. Todas las áreas principales del Teatro serán “puestas en escena” para deleite de muchos. Las obras complementarias, es decir, la construcción moderna perteneciente al Bloque C,  aledaña al edificio histórico, serán entregadas en 2011.

Si bien el Colón ha sido, generalmente, cuna de ópera y clásicos de siempre, podrá disfrutarse muy pronto en Buenos Aires con diversos estilos más populares. El Colón ha dejado de ser elitista de géneros para transformarse en ámbito formal e informal de cultura. Han estado allí interpretando lo mejor de sus canciones compositores e intérpretes tales como Gustavo Ceratti, Los Nocheros, Fito Pàez, Charly Garcìa, Spinetta, Memphis La Blusera y Mercedes Sosa, entre otros tantos.

Será cuestión de esperar, ver y recibir al Nuevo Teatro Colón. Sólo aguardaremos junto a la espiritualidad de sus canciones para aclamar a algún artista favorito y gritarle desde el paraíso, galería, tertulia,  cazuela, palco, o platea lo que añoramos desde nuestros corazones hace algunos años atrás, cuando se hablaba de grandes teatros de maestros. Y se hará realidad ante nuestros oídos la acústica de sus techos, muros y paredes recicladas. Los fantasmas del viejo Teatro Colón deambularán felices por sus pisos y piedras, como en las mejores épocas de antaño, aunque en pleno siglo XXI.

Felìz cumpleaños, Teatro Colón.

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