El
impresionismo nos remite a la disolución de la
imagen estática. Es el predominio del instante sobre lo
durable; la realidad no es un ser sino un devenir… al
disolverse todo lo estable se trata de ver la
metamorfosis; toda la atención estará puesta en captar
el instante. Y esto presupone tomar cierta “distancia”,
cierto mantenerse a la expectativa. La expresión más
curiosa del impresionismo en el teatro se da en Rusia,
con la aparición de Antón Chéjov.
El
expresionismo ya será una oposición más decidida a
“copiar” la naturaleza ( su
relación con ella es sólo para violarla); será la
intencionada tendencia a lo “feo”. Su consigna: “Debemos
descender al caos atractivo y peligroso de los
secretos”.
Bertolt
Brecht llevó todo eso a sus
propias conclusiones, proponiendo una
tecnica que intenta
dilucidar públicamente esos “secretos”. Puso el eje en
la observación del sistema social
que nos rige. Su “distanciamiento” será un verdadero
observatorio crítico. Así, conservará de las formas
originales del expresionismo ese gusto por “calar”
(cargar con la espátula) lo que se requiere significar,
para desembocar en el “gestus”
de su propuesta estética madura.
Entre estos
dos extremos (Chéjov y
Brecht) tenemos la formación
racional de la técnica actoral
del siglo XX. El “sistema”
Stranilavsky no es originariamente otra cosa que
ina metodología para llevar
al escenario al teatro impresionista
representando por Antón Chéjov
en primer lugar.
Brecht
a su vez apeló a su propio sistema que, como él mismo
manifestó, sólo estaba en sus inicios, para ser
profundizado en el futuro.
El
propósito del seminario (o taller) es experimentar
esas dos alternativas, comparándolas. Para ello, los
alumnos presentan escenas cortas (de no más de 15
minutos) de Chéjov o
Brecha, para ser trabajadas en las clases
Sobre
Antón Chéjov (1860 /
1904)
Fue un
médico rural que desde una infinita modestia y turbación
logró, casi sin proponérselo, ser uno de los mejores
cuentistas de todos los tiempos y uno de los más grandes
dramaturgos del teatro universal.
Sus
cuentos “La dama del perrito”, “El hombre enfundado”,
“La isla de Sakhalin” y
tantos otros recorrieron el mundo y fueron ejemplos a
seguir por numerosos escritores.
Su
dramaturgia tardó en imponerse. Su
escritura “impresionista” no se correspondía con la
técnica actoral de su
tiempo. Luego de fracasar con “ La Gaviota ” (“Diría que
soy un autor mediocre, contrario a todas las reglas del
arte dramático. No se la dé a leer a nadie”, escribía a
un amigo) encontró en Stanilavsky
al creador y director adecuado. Este afirmó: “Los que
pretenden representar las obras de
Chéjov se equivocan, en ellas hay que ser, es
decir vivir, existir, yendo por las principal arteria de
su espíritu, la cual yace en lo más profundo”
Mencionamos algunas de sus piezas fundamentales: “Las
tres hermanas”, “Tío Vania”,
“El jardín de los cerezos”, etc., y algunas humoradas:
“El oso”, “El aniversario”, “Sobre el daño que hace el
tabaco”.
Falleció a los 44 años. Una vida tan corta como fecunda
Sobre
Bertolt
Brecht (1898 -1956)
Fue
una vida de incesantes desafíos desde una reacción
juvenil contra un mundo que se le apareció injusto,
paradojal, hipócrita (escribió su primera obra “Ball”
a las 22 años) hasta culminar con una propuesta estética
bastante codificada con bases científicas (“Pequeño
Organon”).
Atravesó dos guerras mundiales (1914 / 1918 – 1939 /
1945). Intentó, a través del teatro, contribuir a la
modificación de una sociedad injusta por otra
socialista.
Fue
además cuentista y poeta.
En su
afán por exigir del público una conducta no alienada
creó su llamado “teatro épico” que exigía del actor el
famoso “distanciamiento”.
Escribió muchísimas piezas que atravesaron el período
estrictamente “didáctico”. Entre sus
piezas más maduras y conocidas recordamos “Madre Coraje
y sus hijos”, “Vida de Galileo
Galilei”, “La resistible ascensión de Arturo
Ui” y “El círculo de tiza
caucasiano”, entre otros.
Desde
el joven Brecha ya estaba su propuesta: “Simplicidad,
grandeza y sentimiento; la esencia de su forma:
frialdad”. Despreciaba la sensiblería y volvía siempre
sobre lo mismo: recordar que nada es eterno, que la
naturaleza humana y la sociedad de los humanos es algo
que se modifica siempre, que puede y debe ser
reformulada constantemente.
